Versos Spanish José Hernández El viejo y la niña

Spanish poem

El viejo y la niña

by (1834–1886)

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Cruza un arroyo inocente Sobre un campo de esmeralda, Y á su orilla crece un sauce Reflejándose en sus aguas. En sus trasparentes ondas, Serenas, limpias y mansas. Varios descuidados cisnes Su blanco plumaje, bañan. Los pintados pajarillos, Saltando de rama en rama, Enamorados y alegres, Con su dulces trinos cantan. Y las flores caprichosas, Que crecen entre la grama, Aquel manto de verdura, Entapizan y engalanan. Y las perfumadas brisas, Al cruzar en ténue calma, Rozan leve y suavemente, Agua, cisnes, flor y grama. Pálido un rayo de sol, Que se quiebra entre las ramas, Va á reflejar moribundo En las cristalinas aguas. Del verde sauce á la sombra Un pobre viejo descansa, Pura la mirada y limpia, Serena, aunque triste el alma. A sus trémulas rodillas Alegre una niña salta, Y sus sonrosados dedos Entre sus canas enlaza. El las huellas de la vida Muestra en su faz arrugada, Y ella refleja en su frente La pureza y la esperanza. De la sien del viejo penden Escasas hebras de plata, Pues deja tan poco el mundo Que hasta deja pocas canas. Y ella los sedosos rizos, Flotantes sobre la espalda, Por la brisa acariciados No suelta, sino derrama. El es la verdad del fin, Es la realidad ingrata; Y ella es la ilusión risueña Que dá vida á la esperanza. El es el árido invierno Con su nieve y sus escarchas, Es desierto, soledad, Repulsión, tinieblas, nada Y en la senda de la niña, La primavera derrama Todas sus galas floridas Con generosa abundancia. El es la noche sombría, Ella la aurora galana, Ella viene, y el se vá Libre de congoja el alma. Ella en su inquieta inocencia Jugueteando con sus canas — ¿Por qué motivo, le dice, Tienes la cabeza blanca? Fija en la niña el anciano Pura y serena mirada, Sus secos labios contrae Lijera sonrisa amarga, — ¿No sabes, niña inocente, No sabes niña adorada, Que la vida se parece A la antorcha que se apaga? Seductoras ilusiones, Nuestra juventud engañan Y al retirarse fugaces El tinte del pelo cambian, Vienen muchos desencantos Muere ó se vá la esperanza; Que la esperanza de ayer Es desencanto mañana. Y solo nos deja el mundo Al terminar la jornada, Al espíritu congojas Pero no á los ojos lágrimas, Solo deja el desengaño Y tristezas en el alma, Las arrugas en el rostro Y en la cabeza las canas!!» Oyó la niña el sermón Sin entender ni palabra, Pues la vida tiene aún Arcanos que ella no alcanza. Se fué á arrojar juguetona Piedrecillas en el agua, Los cisnes tienden el vuelo Y el viejo vuelve á su casa.

Las flores siguen creciendo, Las aguas siguen su marcha, Sigue el sauce dando sombra, Sigue el pájaro en sus ramas. Sigue la brisa apacible Y al verde follaje arranca Esa tímida armonía Que solo percibe el alma. Mas yo he seguido hasta aquí, Y es tiempo de decir basta, Porque las penas son mías Y soy dueño de ocultarlas. Yo soy ese pobre viejo Lleno de arrugas y canas Y es la niña juguetona, La lectora de esta fábula. Guarde ella sus ilusiones, Yo mis tristezas amargas, Ella sus blondos cabellos Y yo mis escasas canas. Que ya fugaron veloces Las ilusiones del alma; Pues ayer compré un billete Y no me he sacado nada.