Spanish poem
La Sangre
El mustio peregrino vio en el monte una huella de sangre; la sigue pensativo en los recuerdos claros de su tarde. El triste, paso a paso, la ve en la ciudad dormida, blanca, junto a los cadalsos, y al morir de ciegas atalayas. El curvo peregrino transita por bosques adorantes y los reinos malditos; y siempre mira las rojas señales. Abrumado le mueven tempestades y Lunas pontinas, mas, allí, transparentes y dolorosas las huellas titilan. Y salva estremecido la región de las nieves sagradas; no vislumbra al herido, sólo las huellas que nunca se acaban.