Spanish poem
Las Princesas Rubias Al Triste Pelele
Las princesas rubias al triste pelele festivas marean en cálida ronda; y loco se duele, veloz acompasa la giba redonda y los cascabeles, la turbia mirada, la nez purpurada. Las gentiles lucen divinos destellos, vibrando a la vuelta los crótalos bellos, con risa ideal; y flotan, corriendo, lumbrosas las sayas en las rondinelas y las faramallas; y canta el aroma azul, virginal; en torno gravita la nota sombría en ojos gachones que el amor enciende; las princesas cantan la pelelenía que cuentan felices baladas de Ostende; al pobre le ciñe sombrosa la duda y vuelve a la tierra la nez puntiaguda; y pasan en torno la loca matraca y los figurones de la polinaca con luz capitosa de hiriente metal; la luz en el canto, el sueño en las ondas, animan ingenuas las núbiles blondas, princesas del mal. El toque principia de las tarantelas las danzas caídas y las paralelas, memorias trayendo de Weber lejano, la monotonía del triste cingano y el fugaz amor; y baila el remiso temblando de horror. Cuando centellea la luz colorada, le dan al pelele la zumba palmada; recuerdan la ronda: la dúlcida y bella, la risa galante sentida en Marsella en tiempo remoto del mágico Flor; la música dulce, lilial de Dinorah, el canto de cielo; Mireya que adora, y el son matinal, de los provenzales la dicha, la calma; y el pobre pelele se muere del alma, de escondido mal. Las princesas rubias pasaron el día cantando placeres con la tristecía en la rondinela de la juventud; y en el gorigori llevando sin duelo, del pobre pelele caído en el suelo, el triste ataúd.