Versos Spanish José María Heredia y Heredia Es Ella, Sí: La Venerada Frente

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Es Ella, Sí: La Venerada Frente

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Es ella, sí: la venerada frente Que adoró mi niñez, de nuevo miro Con profunda emoción, aunque las huellas Del tiempo y del dolor tiene grabadas. He aquí los ojos que mi débil cuna Estáticos velaban, y los labios Que con tierno cariño tantas veces En mi pálida frente deponían El santo beso maternal... Imagen De la madre mejor y más amada, Ven a mis labios, a mi ardiente seno, Y recibe las lágrimas que brotan Mis ojos mustios; llanto de ternura Y acaso de fatal remordimiento. Sí, madre idolatrada: tus amores, Tu anhelo por mi bien infatigable, Y tus lecciones de virtud sencilla Desatendí frenético... ¿Qué pago Recibiste de mí? Dolor y luto. Precipité mis pasos imprudentes Tras el glorioso, espléndido fantasma De inaccesible libertad. La ira De celoso poder me hizo blanco, Y fulminó tremenda. ¡Cuántas noches Cuando los ojos de llorar cansados Cerrabas, te mostró la fantasía Mi sangriento patíbulo! Mi fuga, Y una separación tal vez eterna, Calmaron tu terror, no tus pesares. ¡Qué lágrimas ansiosas, de amargura. Te habrá tu primogénito costado; Prófugo, errante en extranjeros climas, Donde sentaron su fatal imperio Feroces odios, ambición tirana, Y fratricida, bárbara discordia! Y yo, madre, también tu triste ausencia Lamento inconsolable. Los prestigios De mísero poder o fútil gloria No me embriagaron, ni del pecho ansioso Borrar pudieron tu sagrada imagen. De Temis en el templo venerando, En la silla curul a que fortuna Elevome después; en el peligro Y excitación de bélico tumulto; Entre los brazos de adorada esposa O las tiernas caricias de mis hijos, Recordé tus amores, y brotaba De mis ardientes labios el suspiro. Tres años ha que por la vez primera Desde el trono español se pronunciaron Los dulces ecos de la paz y olvido. ¡Oh, cómo palpité!... La fantasía En mágica ilusión mostrome abiertos Los campos deliciosos de mi Cuba, Y entre sus cocoteros y sus palmas, Al margen de los plácidos arroyos, Con mi familia cara y mis amigos Me hizo vagar. Al agitado pecho Pensé estrechar a las hermanas mías, Á mi madre inundar en llanto dulce De inefable ternura, y en su seno Deponer a mis hijos... ¡Mas sañudo Arbitrario poder frustró mis votos: Que en la opresa, infeliz, hollada Cuba, De viles siervos abatida sierva, No es dado el hacer bien ni al mismo trono Cuyo querer eluden los caprichos De sátrapa insolente!... Se arrastraron Dos lustros y dos años dolorosos De expatriación, de lágrimas y luto, Y en los hispanos pechos implacable Arde vivo el rencor...

Mas, a despecho Del odio suspicaz y la venganza, Yo, madre, te veré. Cuando benigna Primavera genial restaure al mundo, Las turbulentas olas del océano Hendiremos los dos y venturosos Del Hudson en las fértiles orillas Te abrazaré. Tu imagen venerada Será entretanto mi mayor consuelo. Mostrándola a mis hijos cada día, Enseñareles con afán piadoso A que te amen, respeten y bendigan, Y oren por ti sus inocentes labios. Ella en este desierto de la vida Será para mis ojos vacilantes Astro sublime de virtud. Al verla, Tus augustos consejos recordando, Fiel les seré, y a Dios enardecido Elevaré mis inocentes votos Porque a tus brazos me conduzca. Sea Báculo a tu vejez tu primer hijo, Y en asilo rural, feliz, oscuro, Te haga olvidar las anteriores penas Con amantes cuidados y caricias. Aquesto y nada más demando al cielo.