Versos Spanish José María Heredia y Heredia Fue Tiempo En Que La Docta Poesía

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Fue Tiempo En Que La Docta Poesía

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Fue tiempo en que la docta Poesía De independencia y de poder armada, Al moral universo presidía. Las hijas inmortales de Memoria En inflexible tribunal juzgaban Y a los héroes y dioses dispensaban Indeleble baldón, o eterna gloria. A ministerio tan sublime y puro Prestaba grato su favor el cielo, Y ante los vates desgarraba el velo A la incierta región de lo futuro. Mas hoy la adulación su canto inspira, Al sórdido interés atienden sólo, Y a su boca venal airado Apolo El don de los oráculos retira. ¡No empero yo! si de mi voz el eco Yace olvidado en nulidad profunda, De la lisonja inmunda Jamás a la opresión quemé el incienso, Y limpio el corazón, puras las manos, Oso decir que de mi libre Musa Jamás el eco adormeció a tiranos. Recibe, pues, el himno de alabanza Que parte de mi lira, Y generosa admiración me inspira. Cuando del hombre libre los derechos Arrolla la opresión entronizada, Y la calumnia y delación armada Siembran espanto en los confusos pechos: Cuando jueces cobardes prostituyen De Temis la balanza envilecida Ante el gesto homicida Del audaz opresor, y los senados Enmudecen, o bárbaros oprimen; Cuando por el terror domina el crimen, Tan sólo tú, sus iras arrostrando, Das al Anáhuac el sublime ejemplo De la virtud augusta Con la opresión despótica luchando. Del altivo tirano la insolencia Con noble aliento desdeñar osaste, Y a su sangrienta elevación lanzaste El rayo vengador de tu elocuencia. Así el sublime Tulio De Roma en el atónito senado, Envuelto casi en próxima ruïna, Constante y denodado El furor fulminó de Catilina. Así en los campos del undoso Egipto Por el Nilo inundados, Majestuosa Pirámide se eleva, Y a las ondas hirvientes superando, Su noble frente hasta las nubes lleva. Prosigue, Andrés, tu generoso empeño, Y humillando a tiranos y facciones, Haz ver a las naciones Que hay virtud en Anáhuac. Vano el ceño Será del opresor, y su caída Terminará sus bárbaros furores. Prosigue, pues, tu espléndida carrera, El himno escucha que mi voz te entona, Y de encina y laurel noble corona Ciña tu frente pálida y severa.

de mi libre Musa Jamás el eco adormeció a tiranos.