Versos Spanish José María Heredia y Heredia ¡Genio De Libertad, Mi Voz Te Implora!

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¡Genio De Libertad, Mi Voz Te Implora!

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¡Genio de Libertad, mi voz te implora! En todo clima tu fogoso aliento Esparció vida y luz, salud y gloria. Por ti clamor inmenso de victoria Estremeció de Maratón los ecos, Para terror del déspota vencido. En Roma libre, de funesto olvido Preservaste los nombres inmortales De Bruto, Cincinato, el gran Camilo, Y de otros mil, cuya sublime frente Coronó tu laurel. Su vasto foro Con el aplauso resonar se oía De un pueblo altivo, generoso y fuerte, Que incienso a tus altares ofrecía. En los montes helvéticos lidiaste Con el arco de Tell, y allí fundaste A la simple virtud perenne templo. Al septentrión de América elegiste Luego por tu mansión; el noble pecho Inflamaste de Washington divino, Y presidiste a su inmortal destino, Y consagraste su sencillo techo. Después el Galo insano y furibundo Te quiso colocar entre sus lares: Mas te erigió cadalsos por altares Y facciosos te dio por sacerdotes, Que fueron duros, bárbaros; mas dieron Ejemplo memorable a las naciones, Y en la ruina de antiguas opiniones Monumento perenne te erigieron. ¡Genio de Libertad! cuando con Riego La noble frente en Gades elevaste, ¿Cómo en el porvenir no conjuraste La cruel desolación que vino luego?... Por fin al sur de América volando, De los sublimes Andes en la cumbre Que dora el sol con su perpetua lumbre, Tu bandera divina tremolando, Llamaste a libertad un hemisferio, Que tras lucha gloriosa y dilatada Feliz destruye el español imperio. ¡Genio de Libertad! desde mi cuna A los tiranos fieros me inspirabas Generosa aversión; tú me llenabas De inexplicable, de sublime gozo Cuando sentado en la agitada popa, Vi a mi bajel, del viento arrebatado, Romper con furia las turbadas olas Del irritado mar, y por sus campos Leve volar, cual despedida flecha. Por ti, genio inmortal, por ti me agrada Clavar la vista al sol, y ansiosamente Beber su inmensa luz. Mi voz te implora; El ruego escucha del que bien te adora... Ven, desciende al Anáhuac agitado Por el tumulto atroz de las facciones, Y su furor sangriento sofocado, Respiren los humanos corazones. ¿O tan sola serás perturbadora, Fantástica ilusión? No: yo te miro De Iztaccíhual bellísimo asentado En las etéreas cumbres, revestido Con alta majestad. Bella, impalpable, Como el arco de Dios entre las nubes, Allá vislumbra la visión gloriosa.