Spanish poem
¡Qué Triste Noche!... Las Lejanas Cumbres
by José María Heredia y Heredia
¡Qué triste noche!... Las lejanas cumbres Acumulan mil nubes pavorosas, Y el lívido relámpago ilumina Su densa confusión. Calma de fuego Me abruma en derredor, y un eco sordo, Siniestro, vaga en el opaco bosque. Oigo el trueno distante... En un momento, La horrenda tempestad va a despeñarse. La presagia la tierra en su tristeza. Tan fiera confusión en armonía Siento con mi alma desolada... ¿El mundo Padece como yo?... Mujer funesta, ¡Ay! ¡me perdiste para siempre...! En vano Me esfuerzo a reanimar del alma mía El marchito vigor: tú el universo Desfiguraste para mí... Ni echarte De la memoria lograré. Tu imagen Me persigue, causándome deleite Funesto, amargo, como la sonrisa Que suele estar helada entre los labios De una belleza pálida en la tumba. ¡Oh hermosas! yo inocente os adoraba... ¿Quién me venció en amar? Vosotras fuisteis Mi encanto, mi deidad: en vuestros ojos, En vuestra dulce y celestial sonrisa Duplicaba mi ser; y circundado Por atmósfera ardiente de ventura, Abjuré la razón, quebré insensato De mi enérgica mente los resortes, Y a solo amaros consagré mi vida. ¡Qué horrible pago recibí!... ¡Oh hermosas! Me hicisteis infeliz y ya no os amo... Ni puedo amar la vida sin vosotras. Asi en horrible confusión perdido Vago insano y furioso... Desecado Siento mi corazón, huyo a los hombres, Y hasta la luz del sol ya me fatiga. ¡Ay! se apagó mi fantasía: vago, Espectro gemidor, junto al sepulcro. Mas amo a veces mi aflicción; me gozo En el llanto de fuego que me alivia. ¡Felices ¡ay ! los que jamás probaron El gozo del dolor!... ¿Dó están los tiempos De mi felicidad, cuando mi mente De la vasta Creación se apoderaba Con noble ardor? En medio de la noche, En la gran soledad del Océano Suspenso entre el abismo y las estrellas, ¡Cuán fuertes y profundos pensamientos Mi mente concibió! ¡Cómo reía El Universo de beldad ornado Ante mis ojos! ¡Cómo de la vida Me sentí en posesión!... Mas hoy... ¡cuitado! Juzgan turbada mi razón... ¡Oh necios! ¿Del amor os quejáis, y en vuestras frentes Brilla de juventud la fresca rosa Sin marchitarse? Contemplad la mía, Profundamente del dolor hollada, Y aprended a sentir... Mas no me atienden, Y maldiciendo mi semblante adusto, Insocial y selvático me llaman. Porque no sé para fingir sonrisa Dar a mis labios contorsión violenta Cuando mi alma rebosa en amargura, Imputan a feroz misantropía Mi amor de soledad... ¡Oh! si pudieran Bajo el agreste velo que la cubre Sentir de mi alma la ternura inmensa, Tal vez me amaran... Pero no: tan sólo Injuriosa piedad o vil desprecio En sus almas de fango excitaría. Dejadme, pues, que oculte mis dolores En esta soledad. Árboles bellos, Que al soplo de los vientos tempestuosos Sobre mi frente os agitáis, mañana Vendrá a lucir el sol en vuestras copas Con gloria y majestad: mas a mi alma De borrasca furiosa combatida, No hay un rayo de luz... Entre vosotros Buscaré alguna calma, y de los tristes Invocaré al amigo, al dulce sueño.