Spanish poem
Luce Por Fin El Venturoso Día
by José María Heredia y Heredia
Luce por fin el venturoso día Que con votos ardientes invocaban Los amantes del bien. Sobrado tiempo De llanto, luto y de pavor cercada Reinó de Anáhuac en los yermos campos Guerra feroz. La paz apetecida Ciñe de libertad el ara santa Con sereno esplendor, y abre Minerva A nuestra juventud su templo sacro. ¡Día de bendición! ¡Qué dulce aurora Vemos lucir de gozo y esperanza! ¡Con qué vivo placer miro adunados Los alumnos ilustres de la ciencia Para abrir a los pueblos mejicanos La fuente del saber! Arde en sus pechos El patriotismo, la virtud, la fuerza, El entusiasmo férvido que al hombre Arrebata hacia el bien, y largos frutos Producirá su generoso anhelo. Aquí naturaleza por do quiera Virgen, robusta, ostenta de su seno Los tesoros sin fin. Nuestros tiranos De oro, de sangre y opresión sedientos. Su beldad no preciaban. Mas ahora El celo y los afanes de Minerva Levantarán el velo que la cubre, Y en la alta majestad de su belleza Brillará, cual saliendo de las nubes La blanca luna en el profundo cielo. Y las Musas también su trono de oro En Anáhuac pondrán: Naturaleza A nuestra juventud do quiera brinda Fuentes de inspiración. El panorama Del universo todo nos circunda. En él se juntan bajo el mismo cielo Eterna nieve y perenal verdura, Y en un estrecho círculo se abrazan Los polos y los trópicos. Florida Se ostenta la beldad, y arde en sus ojos Del sol del Ecuador la eterna llama. ¿Quién puede contemplar sin entusiasmo Los magníficos cuadros que Natura Nos prodiga en América? ¿Quién puede Indiferente ver las tempestades Vestir de oscuridad las anchas bases De los Andes altísimos, en torno Hervir el rayo, retumbar el trueno, A torrentes bajar la gruesa lluvia, Y encima descollar nevadas cumbres Y dibujarse en el desierto cielo Inundadas en luz; o lentamente Ver ir con majestad al Océano Ríos profundos, inmensos, que parecen Mares corrientes, o lanzarse airados De un precipicio, y asordar la esfera Su tremendo fragor? ¡Oh! ¿Qué hombre frío A vista de unos cuadros tan sublimes No palpita, y se asombra, y en su pecho No siente ardiendo levantarse el canto? La más abominable tiranía A par cargó con su cadena odiosa Los cuerpos y las almas. Luengos años Nos devoró. Su aliento ponzoñoso Convirtió los santuarios de Minerva En guaridas de error. Así en los pechos De nuestra juventud se sofocaba El noble germen de mental grandeza Y elevación. Estúpida pasaba Una generación, y otra, ignorando Su fuerza y sus derechos, avezadas A servidumbre y crímenes. Empero Colmose al fin la copa ensangrentada Del infortunio, y nos lucieron días De gloria y libertad. La luz divina, Disipando las nieblas de ignorancia, Nos alza al rango que nos dio natura. Es la alma libertad madre fecunda De las artes y ciencias: ella rompe La atroz cadena que al ingenio humano Los déspotas cargaron, y a la sombra De su manto benéfico y su oliva Crece la ilustración: en el espacio El genio vencedor tiende sus alas, Y la mente atrevida y generosa, Superando a las águilas en vuelo, Se levanta en los aires, y su vista Abarca tierra y mar, nubes y cielo. ¡Sagrada libertad! ¡oh! ¡cómo siente Tu dulce influjo el pueblo americano En los climas del norte! Allí sereno Con impávida frente mira Franklin Venir tronando por el aire oscuro La negra tempestad. Su mano fuerte Arranca el rayo a la cargada nube, Y le arroja a morir lejos del hombre. Fulton allí con el vapor ardiente Osa quitar al caprichoso Eolo El imperio del mar, y por su genio, Blasón glorioso del saber humano, De América los rápidos navios Contrastan la corriente de sus ríos Y el contrario furor del Oceano. El mismo alza flotantes fortalezas De su patria en los mares, do segura Lidie la libertad, e invulnerable Sobre siervos y déspotas fulmine. Así América opone generosa Valor constante a la opresión injusta, Y el ingenio al poder. Obras sublimes, Que pálido contempla y despechado El tirano del mar, cuando invisible Truena el torpedo, y sus soberbias naves Saltan, se incendian, y en el mar ardiente Llueven armas, cadáveres y sangre. Pronto de noble brillo circundados Se vestirán los hijos del Anáhuac Las alas del saber. Sabio Instituto, Vuestras serán la gloria y las fatigas De empresa tan espléndida y sagrada. Mi espíritu, del bien fogoso amante, De exaltación sublime y esperanza Se inunda venturoso en vuestro seno. Y de entusiasmo y de delicia lleno, En el brillante porvenir se lanza.