Spanish poem
A Néstor Ponce De León
by José Martí
A mi señor Néstor Ponce de León: Viene a decirme Capriles Que alguien dijo en Broadway Que en mi discurso exclamé: «¡Los anexionistas viles!» ¡Bien, y con mucha razón Me mandó usted el recado De tenerme preparado El espinudo bastón! Miente como un zascandil El que diga que me oyó, Por no pensar como yo Llamar a un cubano «vil». Viles se puede llamar A los que a lucir el sol Del Diez, con el español Fueron, temblando, a formar. Los que al hombro los fusiles, Negra el alma y blanco el traje, Ayudaron al ultraje De su patria—ésos son viles. Vil viene bien, y no menos, Al que por la paga vil, Mata el ánimo viril Entre los cubanos buenos. Pero al que duda—¡yo no! ¡Yo no dudo!—que su tierra Puede después de la guerra Vivir con paz y con pro; Al que comparte la fe— La fe que yo no comparto— En el cariño del parto, Que pudo ser y no fue; Al que piensa—¡yo no pienso Así!—que, en tanto desdén, Es dable un inmenso bien Sin un sacrificio inmenso; Al que, por odio a la guerra, Prefiera—¡yo no prefiero!— El comerciante extranjero A la virtud de su tierra; Ése, ¡quién sabe si arguya En vano! ¡si en la mar fia! Pero si su tierra es mía, También es mi tierra suya. Y puede, de igual derecho, En brazos de otro soñarla, Como sueño en conquistarla Mano a mano y pecho a pecho. ¡Qué dijera yo de aquel De opinión diversa, si Me llamara vil a mí Por no opinar como él! Quiero a Cuba amante y una; quiero juntar y vencer ¿Y empiezo por ofender Al que ha nacido en mi cuna? No hiero al mismo español, de quien la sangre heredé. ¿Y fratricida, heriré A mi hermano en pena y sol? A mis hermanos en pena No los he de llamar viles, Los viles son los reptiles Que viven de fama ajena. Todo esto es muy simple, todo Es que nos daban por muertos El Diez, y al vernos despiertos Cierran el paso con lodo. ¡Pero quisiera ver yo Frente a frente al zascandil Que dice que llamo vil A mi hermano y que me oyó! Donde no nos puedan ver Diré a mi hermano sincero: «¡Quieres en lecho extranjero A ti patria, a tu mujer?» Pero enfrente del tirano Y del extranjero enfrente. Al que lo injurie: «¡Detente!» Le he de gritar: «¡Es mi hermano!» En la patria de mi amor Quisiera yo ver nacer El pueblo que puede ser, Sin odios y sin color. Quisiera, en el juego franco Del pensamiento sin tasa, Ver fabricando la casa Rico y pobre, negro y blanco. Y cuando todas las manos Son pocas para el afán, ¡Oh patria, las usarán En herirse los hermanos! Algo en el alma decide, En su cólera indignada, Que es más vil que el que degrada A un pueblo, el que lo divide. ¿Quién, con injurias, convence? ¿Quién, con epítetos, labra? Vence el amor. La palabra Sólo cuando justa, vence. Si es uno el honor, los modos Varios se habrán de juntar: ¡Con todos se ha de fundar, Para el bienestar de todos!