Spanish poem
Mi Señor Don Serafín
by José Martí
Mi señor don Serafín: ¿Conque muerto, y no sé qué Más,— y que ya piensa usted Que «mi amor llegó a su fin»? Si lo piensa, mal pensó; Lo que pasa, lo que sí Es gran verdad, es que aquí No hay más que un muerto, y soy yo. De tanto ver padecer Sin ver cómo consolar, Y tanto amargo llorar Donde no lo dejo ver,— De tanto esperar en vano Con el corazón deshecho Que le vuelva el alma al pecho Al triste pueblo cubano,— De tanto mover la pluma Por obligación y oficio, Sin más fruto y beneficio Que un poco de pan y espuma,— De tanto esforzar los bríos Que—siguiendo el noble ejemplo De un don Serafín,—retiemblo Más mientras más son los fríos,— De tanto avivar la fe Que se muere, o que se esconde, De tanto cuidar adonde Nadie cuida, y nadie ve,— De tanto alzar con mis manos Pobres, oscuras y solas, Sobre la hiel y las olas, Casa igual a mis cubanos,— De tanto esperar—¡es cierto Que lo espero cada un día!— Que acabe al fin la agonía En el reposo del muerto,— Me entran como temporales De silencio,—precursor De aquel silencio mayor Donde todos son iguales. Sólo para mi deber De vivir como hombre honrado, Tiene el brazo, fatigado De escribir, sangre y poder,— Y luego de hacer el pan Con el dolor cotidiano, Muerta la pluma en la mano, Me envuelvo en el huracán. Dura un mes, dura dos meses El silencio extraño,—y luego Renace, con nuevo fuego El campo, ¡y con nuevas mieses! Y en cada espiga del trigo De estas penosas cosechas Verá, quien mire a derechas: «Don Serafín es mi amigo». Lo cuentan juntos los granos,— Juntos, en sabios letreros: ¿Para qué somos sinceros? ¿Para qué somos cubanos? ¿Para quién, en estas pascuas, Para quién, en esta hiel, Pensando en Carlos Manuel, Compré un vapor en las pascuas? Rojo de puro coraje, Así me dice el vapor: «¡Pero, mi amigo y señor, Cuándo emprendemos el viaje?» Y yo pensando en la espuma Que lleva al Cayo querido, Por Carlos Manuel vencido. Vuelvo la vista a la pluma Adiós. El vapor irá En la semana que viene: Ya lo tiene, ya lo tiene Un amigo que se va. Y de mí le he de decir Que en el sigilo, sereno, Sin miedo al rayo ni al trueno Elaboro el porvenir.