Versos Spanish José Martí Mujeres

Spanish poem

Mujeres

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Ésta, es rubia; ésa, oscura; aquélla, extraña Mujer de ojos de mar y cejas negras; Y una cual palma egipcia alta y solemne, Y otra como un canario gorjeadora. Pasan y muerden: los cabellos luengos Echan, como una red: como un juguete La lánguida beldad ponen al labio Casto y febril del amador que a un templo Con menos devoción que al cuerpo llega De la mujer amada: ella, sin velos Yace, y a su merced:—él, casto y mudo, En la inflamada sombra alza dichoso Como un manto imperial de luz de aurora. Cual un pájaro loco en tanto ausente En frágil rama y en menudas flores, De la mujer el alma travesea: Noble furor enciende al sacerdote, Y a la insensata, contra el ara augusta Como una copa de cristal rompiera:— Pájaros, sólo pájaros: el alma Su ardiente amor reserva al Universo.

Vino hirviente es amor: del vaso afuera, Echa, brillando al Sol, la alegre espuma: Y en sus claras burbujas, desmayados Cuerpos, rizosos niños, cenadores Fragantes y amistosas alamedas Y juguetones ciervos se retratan: De joyas, de esmeraldas, de rubíes, De ónices y turquesas y del duro Diamante, al fuego eterno derretidos, Se hace el vino satánico: mañana El vaso sin ventura que lo tuvo Cual comido de hienas, y espantosa Lava mordente se verá quemado.

Bien duerma, bien despierte, bien recline— Aunque no lo reclino—Bien de hinojos, Ante un niño que juega el cuerpo doble, Que no se dobla a viles ni a tiranos, Siento que siempre estoy en pie:—si suelo, Cual del niño en los rizos suele el aire Benigno, en los piadosos labios tristes Dejar que vuele una sonrisa,—es cierto Que así, sépalo el mozo, así sonríen Cuantos nobles y crédulos buscaron El sol eterno en la belleza humana. Sólo hay un vaso que la sed apague De hermosura y amor: Naturaleza Abrazos deleitosos, hibleos besos A sus amantes pródiga regala.

Para que el hombre los tallara, puso El monte y el volcán Naturaleza,— El mar, para que el hombre ver pudiese Que era menor que su cerebro:—en horno Igual, sol, aire y hombres elabora. Porque los dome, el pecho al hombre inunda Con pardos brutos y con torvas fieras. ¡Y el hombre no alza el monte: no en el libre Aire, ni en sol magnífico se trueca: Y en sus manos sin honra, a las sensuales Bestias del pecho el corazón ofrece: A las pies de la esclava vencedora: El hombre yace deshonrado, muerto.