Spanish poem
Campo De Lucha
Ahí cayó el patriota. De su mano se desprendió la espada conmovida, que fue una cruz sobre la masa muerta ¡como fue un rayo con la masa viva! Si hay un Dios, y ese Dios abre los ojos, y ese Dios todo mira, mirar debiera lo que aquí debajo causa en el sol, hasta en el sol, envidia. Y si no es ciego Dios, y ve los triunfos que la derrota misma puede entrañar, debiera abrir los labios y fuego dar a la palabra hoy fría... Debiera abrir los labios, y elocuente en su lengua infinita, apostrofar con rabia a los verdugos y defender con cólera á las víctimas... ¡Oh gran Dios! Pero ¿qué de tu palabra? ¿Qué de tus frases límpidas? Abre los labios y habíanos; no sea que se te crea mudo o sin justicia... Habla, para mostrar al héroe oculto; habla, para decir las glorias íntimas; habla, para que en todos los cerebros truenen los nombres que la Patria olvida... ¡Oh, yo sé que es el campo la gran tumba, dó mezclan sus cenizas ricos y pobres, nobles y plebeyos, como en el vientre de una madre misma! Yo sé que ha de encontrar todo un poema el rudo obrero de labor proficua, rasgando esas entrañas maternales y leyendo esas páginas perdidas; ahí, bajo la tierra, en ese abierto libro de fojas áridas y limpias: de una campiña, un campo de batalla; de un campo de batalla, una campiña... En árboles y flores transformandos saldrán los héroes de su tumba hoy fría; que si el hierro guerrero les dio muerte, ¡el hierro labrador les dará vida!...