Spanish poem
El Santo Sepulcro
Bamboleándose cándido y suave va el Señor con sin par gentileza, como encima del ala de un ave; y la chusma fanática y grave, en coreada oración zumba y reza. A una cruz que enlutada camina, en altar que entre inciensos se esfuma y que cruje y retiembla y se empina, el ya muerto Señor se avecina, sobre un lecho cuajado de espuma. Se deslizan dos largas hileras; y rodeando al Señor como adorno de rojizas y extrañas lumbreras, van del lecho clavadas en torno temblorosas las pálidas ceras. Un runrún infinito que atruena los oídos, palpita y estalla en la gran procesión nazarena; allá lejos, al fin... triste suena destemplado clarín de batalla. Larga tropa de fríos soldados acompaña los santos dolores: mal seguros y mal enfilados,— los clarines al par destemplados, destemplados al par los tambores. Casi en medio, Jesús, ya rendido por el peso de un árbol que asombra, pues no tiene una hoja ni un nido, va de túnica oscura vestido como pálida y trémula sombra. El buen cura; entre cien feligreses con un místico orgullo se entona, para alzar sus católicas preces; un rayito de luz cae a veces en la tersa y rapada corona... Todos llevan los ojos clavados en el Dios de los grandes martirios, por la fe de ese dios arrastrados... Y jazmines y rosas y lirios a sus pies van cayendo mezclados... ¡Sopla el viento, y apaga los cirios!