Versos Spanish José Santos Chocano En Tanto Que Del Fraile Recibía

Spanish poem

En Tanto Que Del Fraile Recibía

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En tanto que del fraile recibía paternal benedición el buen anciano, el indio vio de pronto... ¿Qué vería que el haz de flechas retembló en su mano? Una mujer. ¡Cuán blanca! parecía una dulce visión, un sueño vano. Ensayando una atlética apostura, en su carcaj de flechas apoyado, era él como clásica figura el Satán de las selvas asombrado de encontrar en su Infierno a un alma pura.

Aquella tarde, en tanto que el rudo labrador y el fraile austero platicaban, la tímida doncella, a la puerta, gozaba del encanto con que el rojizo resplandor postrero hace caer estrella tras estrella como gotas de llanto. El indio, al par, se hundía en el alarde penúltimo del Sol, que en su derroche envolvía los restos de la tarde en el crespón de la enlutada noche... Y entonces fue la escena de extraño simbolismo. La tarde. El bosque de pavor se llena y su boca de espanto abre el abismo... —¿Ves?— dijo el indio; y señalando al frente, quedó un instante, pensativo y mudo. Sobre un picacho, imperativamente, se erguía un buitre, en actitud de enojo, como blasón de señorial escudo, encendido de Sol, teñido en rojo. —¿Ves?— repitiole el indio a la doncella, fija del Sol en la postrera lumbre. —¡Tú eres!— le dijo; y le enseñó una estrella. —¡Yo soy!— le dijo; y le mostró la cumbre. Súbito, el cóndor vuela. El indio alista su arco, empuña una flecha y se prepara: tiende hacia el cóndor, con segura vista, la flecha sobre el arco; y la dispara. Silba rauda la flecha. El cóndor grita; y, entre los nubarronnes sempiternos, se desenvuelve la espiral descrita por un alma que rueda en los infiernos... Toca tierra por fin... El abanico de sus rendidas alas de combate, sacude al pie del cazador; se abate; tira atrás la cabeza; y abre el pico... La aguda flecha que vibró en el arco y que clavada está —firme y derecha— parece un mástil sobre un roto barco; y el cóndor revolcándose en un charco, nudo de plumas que ensartó una flecha.

En la noche, la virgen temblorosa, después de recordar la escena extraña entre el cóndor, la flecha venenosa y el indio cazador de la montaña, siéntese dominada de terrores; y en tanto que al redor todo reposa, ella duerme soñando en los amores de un vampiro con una mariposa...

Al primer resplandor del nuevo día, vuelve a anudar el varonil salvaje, tras las huellas del fraile que le guía, su brevemente interrumpido viaje. Y allá va, tras del fraile... En una arruga de las montuosas faldas desparece... La sombra en tanto por los cielos fuga, el Sol se impone y la mañana crece. Y entre los pliegues de esas mismas faldas, la cumbre circunfleja, donde el cóndor estuvo, alza su ceja a la manera de cortante quilla, como un titán que se tendió de espaldas y que dobló hasta el cielo una rodilla.