Versos Spanish José Santos Chocano Eres Princesa Gentil

Spanish poem

Eres Princesa Gentil

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Eres princesa gentil del tiempo en que eí rey galante tañía en jardín fragante, su pífano pastoril. Así la flesta real sobre tus labios de flor, libando mieles de amor, vibra eterno madrigal. La gloria de tu belleza canta a los nobles señores, que se fingían pastores, hartos de tanta nobleza. Triunfas en la alegre fiesta como una abeja de oro, que danza al compás sonoro de la voluptuosa orquesta. Pastoras hay a tu lado y pastores a tus pies: la alfombra que huellas es blando césped tapizado. Bajo un sol de áureos destellos que traspasa los follajes, arreboles son los trajes y espumas los albos cuellos. Allá un pastor, que arrebata con églogas a su amante, luce anillos de diamante y brocados de oro y plata. Allá una dulce pastura que de amantes tiene rueda, mueve la crujiente seda de su falda tentadora... A un golpe sobre el atril rompe la canción galante gime el violín sollozante y retumba el tamboril; y fíngese entre la cauta fronda de vaga ilusión, la rítmica confusión de la paloma y la flauta. ¡Loado el baile! Las damas de sus galanes en brazos, atan y desatan lazos de luciérnagas y flamas... Y mientras que al centro tú sonríes, giran, en rueda, oropéndolas de seda, mariposas de tisú... Y ensayas, sacando el pie, al son de la blanda nota, inflexiones de gavota y actitudes de minué. Así la idílica fiesta, en que mezclan sus cambiantes los zigzags de los danzantes y los gluglús de la orquesta... Así la fiesta, así es digna del verso ferviente de un Virgilio decadente o de un Teócrito marqués... Tu cabellera empolvada, rima con la albura acaso de los estuches de raso que cubren tus pies de hada. Formas de suave inflexión luestra tu talle, ceñido por simbólico vestido, como abierto corazón. El abanico en tu mano a los galanes responde y ya se ríe de un conde, ya desdeña a un cortesano. Si una indiscreción te hiere, enojado tu abanico se abre y cierra, como el pico de un cisne... que canta y muere. Loado el principe augusto que, enlazando tu cintura, va paseando la hermosura escultural de tu busto. Rueda el sol al precipicio; y a los postumos fulgores, las telas multicolores son cual fuegos de artificio. Lánguidamente sus sones apagando va la orquesta; y se disuelve la ñesta en parvadas de ilusiones... Tú vas dejando en los prados, tras de esa tiesta de amores, como reguero de flores, corazones deshojados... Para pedirte una flor de esas que huellan tus pies, Pan se viste de marqués y Apolo se hace pastor. ¡Cuánta memoria despierta ese tu donaire altivo!... ¡Eres el recuerdo vivo de la aristocracia muerta!