Spanish poem
Este Héroe, Cuyo Busto Digno Es De Una Medalla
Este héroe, cuyo busto digno es de una medalla antigua o de un soneto cincelado y vibrante, traía en sus oídos un rumor de batalla, cuando en galera impávida atravesó el Atlante y volvió de las Indias, sumando en sus ardores todas las viejas almas de los Conquistadores, porque la profecía ponía en su mirada un rayo que era como la hoja de una espada. Él había estampado su huella sobre el yerto arenal, sobre el bosque tropical, sobre el Ande; y traía en los ojos la visión del desierto, y atesoraba el ímpetu, y se sentía grande. Por una de esas raras vueltas hacia el pasado que hace que prevalezca lo que el alma ha heredado, el héroe supo entonces que sangre de Pizarro y Cortés inundaba y animaba su barro; y se sintió bastante glorificado y fuerte para mirar sin miedo la cara de la Muerte. Y un capricho, un capricho de elegancia suprema que le finge escapado de un galante poema, le hizo traer, a modo de signos elocuentes, fijos en sus orejas dos labrados pendientes. Y estos pendientes eran dos nobles arracadas que fueron a la momia de algún Inca robadas, en una de esas fosas en que duerme el Imperio del Sol un sueño augusto de paz y de misterio... Dicen crónicas, llenas de unas galanterías que sólo se comprenden en muy lejanos días, cómo regaló el héroe sus aretes vetustos a una dama (una dama digna de un madrigal, pero escrito con versos ágiles y robustos como un ruido de perlas entre un hueco cristal). Y dicen también esas crónicas que tal dama vio pasar, desde lo alto de su balcón, al mismo héroe ya moribundo, que la envolvió en la llama de sus miradas como dentro de su heroísmo. Este héroe, cuyo busto digno es de una medalla antigua o de un soneto cincelado y vibrante, después de ganar lauros en la feral batalla, se coronó de rosas en el postrer instante...