Versos Spanish José Santos Chocano La Última Imprecación

Spanish poem

La Última Imprecación

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Callo, porque mi grito no se escucha por las sordas y torpes multitudes; callo, porque las ansias de la lucha ceden a las pueriles inquietudes; callo, porque un Scévola no brota que hunda la mano en las heroicas brasas; callo, porque en la atmósfera no flota el beso enorme que se dan las masas... Yo prediqué la unión; y el yugo infame pudo más. Y la plebe que hoy se engríe la propia mano que la hiere lame, y en tomo del buey Apis danza y ríe, buscando al trovador de frase tierna; y olvidando al poeta que apostrofa, que lanza al verbo de la rabia eterna, que apunta al vil la amartillada estrofa. En vano, en vano, con augusto vuelo, rasgó las nubes la canción del vate, adivinando desde el alto ciclo los primeros hervores del combate; en vano, en vano con el mismo anhelo que hoy también entre mi alma hierve y late, pensé un instante abandonar el suelo, para verter mi soberana lumbre con pródigo deseo y amplia mano, y mirar triunfador desde la cumbre tanto lodo social y escombro humano... En vano pensé un día — y aún perturba mi alma ese pensamiento soberano— , sobrenadar en la exaltada turba que ahogase entre sus olas al tirano; en vano quise quebrantar el yugo, y hablarle del divino Victor Hugo al dolorido Pueblo... ¡En vano, en vano!... Truene mi última y bélica palabra; y que al oírIa, enternecido y triste, el Pueblo redentor sus brazos abra... Debe oírse mi voz hoy que ya invoco la sombra del silencio: óigase el canto que lanza el cisne enfurecido y loco, como grito de su último quebranto... ¡Y que el Pueblo brutal no encoja el hombro al oír de la lucha el grito santo, con que quiero romper la imbécil calma, entre tanto dolor y tanto escombro, y entre tantos inválidos del alma! Pero... ¡oh tirano! el mismo hosco, terrible y justiciero vate que hoy reniega del Pueblo, y que al abismo se lanza en su caballo de combate no se olvida de ti. Mi rudo canto ha de zumbar constante entre tu oído, como la nota eterna del quebranto de este pueblo que tú has escarnecido, que tú has escarnecido tanto y tanto... Callo; pero insultado habrás de oírte por mi dura canción resucitada, que ha de tronar hasta que caigas muerto: como terco fantasma he de seguirte, y he de seguirte como un ojo abierto... Y deseara que hubiera otra vida no más, para que fuera eterna esta canción que en mi alma zumba; ¡sí, que hubiera otra vida solamente para poderte odiar desde ultratumba! Yo volveré a entonar otras canciones cuando el pueblo sacuda su marasmo y bala a todo viento sus pendones; cuando brille el puñal y triunfe Bruto; cuando se alce el cadalso victorioso; cuando se abra la flor y salga el fruto: pero hoy, Pueblo, te encuentras arrastrado a los pies de ese déspota, que ansía resucitar los dramas del pasado, para incrustarlos en el nuevo día... Yo, que sobre la cruz me siento fijo, cuando el dolor mi corazón taladre, diré lo que Jesús muriendo dijo: — ¡Oh, Tirano, ve al Pueblo; ese es tu hijo! ¡Oh, Pueblo, ve al Tirano; ese es tu padre!