Spanish poem
La Voz Triste
Esta noche una linda mujer (una española digna de ser modelo de otra Maja Desnuda) me ha tarareado tristes canciones; y la ola de su melancolía se ha tendido en la muda soledad de mi alma. Tal su voz todavía se insinúa al oído de mi recuerdo en vano. Yo la dije: —¡Eres mía!— Y no besé su boca, pero estreché su mano. Sus canciones tenían un aire vago, un aire tenue, lleno de gracia, picardía y donaire; y me hablaban de cosas de ensueño y de pecado que no he visto en mi vida, pero que he adivinado. Finjíase una lenta procesión de fantasmas por entre un clausurado monasterio: una viuda de cara macilenta presidía el cortejo; y al fin iba un soldado, sobre cuya armadura un golpe del pasado hizo una abolladura. Sus canciones me hablaban de tiempos que son idos: fortalezas vetustas y leones dormidos... La sangre mora, sangre que irradia en los sentidos de esta linda española le infunde la tristeza del Desierto (es un grito de la Naturaleza) Y esta tristeza es como la tristeza que siento; porque la sangre india bulle en mi sangre: aliento de cumbres... Siempre han sido tristes las almas grandes los moros y los indios; el Desierto y los Andes... Diríase que el potro se siente fatigado de andar por las montañas; y el bardo peregrino en la sombra un puñado de luces ha mirado. Corre... corre... Es la alegre posada del camino. ¡Oh la paz! Mesa amiga, pan blanco y rojo vino Llego por fin a ella; y a su entrada una bella pulsando la guitarra tararea canciones. Se confunden al punto nuestros dos corazones: un gavilán astuto y una paloma incauta. Y ella sigue cantando sus versos lentamente; y yo me quedo como se queda una serpiente que oye sonar el dulce gemido de una flauta...