Versos Spanish José Santos Chocano Los Clarines Suenan Trémulos...

Spanish poem

Los Clarines Suenan Trémulos...

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Los clarines suenan trémulos... Los clarines suenan lánguidos... Sus acordes brotan suaves, sus murmullos brotan densos y sus gritos brotan ásperos... ¡Los clarines suenan roncos! ¡Los clarines suenan trágicos! Se dijera que las notas de los épicos clarines son los aves de la raza, son las voces del pasado; se dijera que las notas de los épicos clarines vienen, llenas de penumbras y misterios y milagros, de países muy distantes y de tiempos muy lejanos... Tales fueron los clarines españoles, tales fueron los clarines españoles que sonaron en las cumbres luminosas y en los lóbregos barrancos, en el hueco de las cóncavas guaridas y en los picos de los Andes solitarios, en las pampas indolentes, en los ríos encrespados, en las selvas lujuriosas, en los valles, en las cuestas, en las cumbres y en los páramos... ¡Los clarines suenan roncos! ¡Los clarines suenan trágicos! Ya pasaron las historias que eran cuentos de heroísmo, las audacias que eran timbres, los ensueños que eran lauros, los arranques imperiosos de la raza primitiva: ya pasaron... ya pasaron... ya pasaron... Y lo lloran los clarines con acentos desgarrados, entumidos todos ellos, cual si fuesen grandes pájaros que volviesen con las alas abatidas y los picos llenos siempre de tristezas en el fondo de sus cantos... ¡Oh los pájaros de bronce que volaron y volaron y volaron, por las tierras no sabidas, por los mares no explorados, por los mundos atractivos del misterio, por los cielos tentadores del encanto; y, al fin viejos y gastados, vuelven llenos de nostalgias y suspiros y cansancios, a decirles a los hijos la epopeya de los padres y a gritarles que los timbres y los lauros ¡ya pasaron para siempre... ya pasaron para siempre... ya pasaron...! Los clarines suenan trémulos... Los clarines suenan lánguidos... En las noches polvorientas y azuladas del verano, la retreta de las plazas señoriales insinúa los perfiles de pretéritos soldados; porque evoca, sobre un fondo de atarnbores palpitantes de entusiasmo, a los gritos de los épicos clarines, que unas veces suenan roncos y otras veces suenan lánguidos, las figuras sugestivas y los gestos legendarios, que colmaran los asombros y gastaran las proezas, de Balboas y Corteses y Valdivias y Pizarros... Así el pueblo que se goza, en las noches del verano, con las músicas vibrantes de las líricas retretas, siente en su alma repentinos arrebatos y apetitos de aventuras y deseos de otra vida y ambiciones de otro espacio, cual se asoman en su nido los polluelos de los cóndores temblando cada vez que, por encima de sus débiles cabezas, invitándoles al vuelo, pasa un viento huracanado... ¡Es el viento huracanado de la gloria, el que ruge por encima de las plazas! Viento áspero, viento henchido de fragores es el viento que desatan los clarines en el vuelo de sus cantos: viento heroico que desdobla las banderas y estremece las panoplias y sacude los penachos y resuena en las vacías armaduras, como un soplo de esperanza que viniese del pasado... ¡Los clarines suenan roncos! ¡Los clarines suenan trágicos! En las noches nebulosas del invierno, pensativos los soldados se estremecen en la sombra de los lúgubres cuarteles, cual fantasmas de otros siglos que sacuden el sudario, y a la hora del silencio, cuando el sueño roza el párpado, en sus lechos se acurrucan, mientras pasa por encima una voz de clarín larga que se pierde en el espacio... ¡Cómo suena tristemente la voz de ese clarín, llena de ternuras y de espasmos! ¡Cómo evoca los alertas... los alertas prolongados... en las noches inefables de las vísperas solemnes, entre el frío de los cielos y el reposo de los campos! ¡ Cómo trae a la memoria los prestigios ya borrados, los orgullos ya caídos en el alma, los ensueños ya marchitos en la raza para siempre, los encantos ya sepultos en el fondo de la vida, los delirios de grandeza ya sin alas, los sangrientos desengaños!... ¿Estos eran los clarines que sonaban con un júbilo radiante de belígeros presagios: los clarines que anunciaban epopeyas y pasaban por debajo de triunfales arquerías, en desfiles fragorosos, con la escolta de tres siglos y entre vítores y aplausos? ¿Éstos eran...? ¿Éstos eran...? Hoy apenas con gemidos siempre largos, siempre largos, cuando tocan el silencio de las noches militares, resucitan el milagro de las clásicas figuras y los gestos fabulosos que en la historia se acabaron para siempre... se acabaron Los clarines suenan trémulos... Los clarines suenan lánguidos... Un clarín dice las cosas nunca muertas del pasado: —¡Oh ambiciones resonantes que atronaban las alturas! ¡Oh proezas de cien timbres! ¡Oh heroísmos de cien lauros! En el alma de los nietos de los héroes españoles hay tres siglos de entusiasmo...— Un clarín dice las cosas del presente solitario: —¡Oh tristezas infinitas de las razas insepultas! ¡Oh fatigas sin remedio de los músculos gastados! En el alma de los nietos de los héroes españoles hay tres siglos de cansancio...— Un clarín dice su pena y otro dice su arrebato, unos rugen y otros gimen, unos gritan esperanzas y otros lloran desengaños; y es así como en las músicas marciales, con sus notas siempre llenas de nerviosos sobresaltos, que parece que llegaran de países muy distantes y de tiempos muy lejanos, unas veces los clarines suenan roncos y otras veces los clarines suenan lánguidos...