Versos Spanish José Santos Chocano No Puedo Descender. Siempre En La Altura

Spanish poem

No Puedo Descender. Siempre En La Altura

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No puedo descender. Siempre en la altura, desafiando la extensión sombría, paseo la insolencia de mis ojos escrutadores de misterios. Risas de analfabeta chusma; estruendo airado de gentes ebrias en vibrante orgía; juramentos de sórdidos despechos; tempestades de pálidas envidias; ola inmensa de fétidas injurias; coro alegre de irónicas diatribas, todo sube hasta mí; como el infame hálito de la bestia apocalíptica, revelador de las humanas menguas, denunciador de las bajezas ínfimas, instigador de los más nobles odios, provocador de las más santas iras. Hálito repelente de las hondas capas de fango en que Satán dormita, sube hasta mí, cual bofetada enorme de la noche rebelde contra el día... Entonces vuelvo el alma hacia lo obscuro; y, asomándome al antro que transpira, interrogo a las sombras, que me cuentan sus voluptuosidades infinitas, sus ansias descompuestas, sus dolores de senos maternales que se crispan dando a luz un relámpago, sus glorias de fieras e incestuosas Mesalinas, sus caprichos de histéricas danzantes sus delirios de turbas anarquistas. Y me tapo los ojos por no verlas, pero las sigo oyendo; y por no oírlas, me tapo los oídos y las veo... Las veo, sí, por más que las pupilas con apretados párpados encubro; pues dentro, al fondo, en la conciencia misma. Las veo, sí, las veo que pausadas y en caudalosa procesión desfilan... Almas desnudas de honradez; ideas huérfanas de virtud; foscas envidias, que murmuran al sol que las alumbra; ansias como serpientes retorcidas; ambiciones volcánicas; rencores de superpuestas pequeñeces frívolas; concupiscentes apetitos; fiebres de altas sensualidades; avaricias de ojos calculadores; arrebatos de sangrientas locuras repentinas; propósitos de befa; chistes torpes de mordedura venenosa y fría; estulticias que niegan el derecho y fuerzas que el derecho crucifican; desnudeces estólidas del alma; conjuraciones de. la carne impía... ¡Oh, qué hórrida visión!... Volcán de fango, selva de vicios, mar de pesadillas, cae sobre mi espíritu y me abate; me hace postrar de hinojos en la lidia; rogar misericordia; hacerme polvo; y hundirme en la impotencia de la vida... ¡Cuántos males, buen Dios! Pero ¡ah! no salga triunfador tanto mal. No está la lira fatigada de cantos: da a los aires nueva protesta de salud. Erguida, sopla la musa; el corazón se enciende con los ardores de, la angustia misma; en la mente, las alas vuelo exigen; en el éter del alma, impera el día... ¡a cantar! Es el vate, que, los siglos de los siglos ahonda con su vista; y explora, como un buzo, el Océano de una lágrima. ¡Canta! Alce la envidia su escándalo, y azótele la frente, donde como en el cielo impera el día; truene la voz de, las tinieblas hondas; rompa a vplar la carcajada indigna; hierva el rencor de las humanas menguas; ¡que yo todo lo veo... desde arriba!