Versos Spanish José Santos Chocano Padre Nuestro

Spanish poem

Padre Nuestro

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Errante explorador, que por la umbría selva entró alguna vez, y que con firme mano grabó su nombre en débil tronco de arbusto protector, que le dio lecho de hojas muertas de sed, al soplo airado del Destino, tal vez torne su rumbo hacia el paraje aquel, cuando ya el tiempo haya puesto vigor entre las venas del arbusto y el tronco haya ensanchado: y entonces gozará con ver su nombre, que vivirá a través de las edades, como revelación de un alma, en medio de estas mudas y eternas soledades!... ¡Cómo no has de gozar, si eres poeta, al leer las estrofas que escribiste en tus radiantes noches; cuando el viento agitaba la pálida bujía, con su hálito de musa; y solo, y mudo, te golpeaban la frente pensadora; y cabalgabas en el verso alado, que corría... y corría... y más corría, atravesando sombra, y después sombra, y después sombra, y sombra todavía!... Ahí están tus recuerdos: ahí, inmobles mariposas disecas, tus ideales crucificados sin piedad, tus sueños coronados de espinas, tus locuras con sus sangrientas púrpuras rasgadas; ahí encuentras placer: el placer mismo del hijo vuelto de lejanas tierras, que va a besar la tumba de sus padres; el placer mismo del labriego anciano, que pasea en sus campos donde nunca podrá otra vez arar; el placer triste —ya que envueltos en miel hay aguijones— del inválido que oye las trompetas y no puede alistarse en sus legiones. Más que el explorador que su nombre halla en uri tronco del bosque, más que el bardo que halla un recuerdo suyo en cada estrofa, goza el padre que mira concentrarse toda la luz de su alma, todo el fuego de su cuerpo viril, cual en el foco de inmaculada lente, en su hijo amado que retorna ese amor como un reflejo, ya que el padre en el hijo hallará siempre, en cuerpo de crisol, alma de espejo! ¡Oh qué dicha mayor sentirse padre, verse una y otra vez reproducido en un hijo y en otro! ¡Acaso sea un misterio eucarístico el que logra que el padre, transformándose en los hijos, como un lampo de sol en cien destellos, se sienta integramente en cada uno y ame en un solo amor a todos ellos!... Así Dios goza desde su alto solio en ver rodar los mundos a sus plantas; goza en oírse por sesenta siglos alabado en la Tierra, y por mil veces en otros mundos mil; en ver las nuevas vidas que brotan de la misma muerte; en ver la estéril lucha de los males contra el bien inmortal; en el arrullo de la oración, que llega hasta su oído, por más que el can de la herejía ladre: así Dios goza y goza; pero tiene una dicha-mayor: ¡La de ser Padre!