Spanish poem
Poeta, Ven A Mí: Tú Me Comprendes
Poeta, ven a mí: tú me comprendes. Trágicamente pálida es tu musa, mas no con falso bermellón la enciendes. Pálida está, pero jamás confusa; porque ni la traicionas, ni la vendes. ¿Para qué enmascarar esa amargura que es su gala mayor? No intentes eso; respétala como es: déjala pura; porque si tiene palidez de yeso, tiene profundidad de sepultura. Si ha nacido en el bosque, si en hamaca de mimbres se meció, si en ancho río brazo a brazo luchó con la resaca, dirá, cuando la adornes con la placa de una corte europea: —¡Esto no es mío! Corónala, antes bien, de erectas plumas; téjela con carrizos blando techo; y al recostar la sien sobre su pecho, pídele a tu rebaño las espumas de su vellón para gozar de un lecho. Ámala, así, desnuda del ropaje de un arte impropio, altiva en su franqueza; déjala que se burle del encaje; porque no ignora que el primor del traje será elegancia, pero no belleza. Nunca fajes los frutos de sus senos; ante el Juez de conciencia sin pecado que tenga en su visión ojos serenos: la desnudez de una mujer es menos que la sinceridad de un arte honrado. Amo el arte cual tú, no cual la tropa cautiva sólo de la forma fatua; que es el arte de América al de Europa lo que una cumbre al cuerpo de una estatua, lo que un abismo al hueco de una copa.