Versos Spanish José Santos Chocano ¡Qué Raro Sueño Fue! La Virgen Pura

Spanish poem

¡Qué Raro Sueño Fue! La Virgen Pura

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¡Qué raro sueño fue! La virgen pura soñó que, en medio de la selva obscura, hórrida fiera le detuvo el paso y le dijo su amor: sería acaso el Mal perseguidor de la Hermosura. Ceñido el Sol de púrpura y topacio consumía las nubes en sus flamas; y la tarde, al fugar por el espacio, iba desenvolviendo panoramas. Cada árbol dominante, al brusco choque del Sol que huía, orlábase de oro; y entre la obscura red de la maleza, quedaba prisionero el postrer toque de vacilante luz, como se alcanza a ver en la más lóbrega tristeza la chispa de una última esperanza... Entonces fue: la virgen soñadora, que en su avarienta falda recogida flores atesoraba, sorprendida por el puma se vio. Tal una aurora halla, a su paso anunciador de vida, súbito nubarrón que la desdora. ¿Cómo pintar la pávida sorpresa de la tímida virgen? Los claveles de su rostro se helaron; y la fresa de su boca se abrió... para dar mieles; en sus locuaces ojos puso el miedo un delirio de Sol; y de su falda cayeron flores al soltar el ruedo, cual si se destejiera una guirnalda... El puma, que en dibujos y colores era un mapa en la piel, por su fortuna lecho florido hallaba. Ella era una Primavera de carne echando flores... La fiera habló. ...La virgen una mano abandonó a la fiera enamorada, que lamiendo y lamiendo, ya que en vano la quiso hipnotizar con la mirada, hízola sacudir la pesadilla al verse con asombro y maravilla que tenía la mano ensangrentada... Saltó... Púsose en pie... Rompiendo el broche los astros en las sombras más obscuras, allá, en las telescópicas alturas, eran como argentífero derroche... Ella abrió la ventana; y la cabeza hundió, con domadora gentileza, en la boca de lobo de la noche... Allá, a lo lejos, la montaña bruna; y más allá, la abrupta cordillera... Y en tanto que a la vez y por doquiera comulgaba la noche hostias de Luna, la virgen miró el ciclo... y lanzó un grito, al ver multiplicados, —que tal era el derroche estelar en lo infinito,— los relumbrantes ojos de la fiera... Después... Volvió a su lecho; y en su lecho, la blonda cabellera enmarañada era un nido de pájaros deshecho sobre el copo de nieve de la almohada.