Versos Spanish José Selgas El Estío

Spanish poem

El Estío

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LAS galas del pensil multicoloro Desciñe Flora y su gentil guirnalda; La sombra busca el manantial sonoro Del alto monte en la risueña falda; Campos son ya de púrpura y de oro Los que fueron de rosa y esmeralda; Y apenas riza su corriente el río A los primeros soplos del estío.

El soto ameno y la enramada umbrosa, El valle alegre y la feraz ribera Con voz desalentada y cariñosa Despiden a la dulce primavera; Muere en su tallo la inocente rosa; Desfallece la altiva enredadera; Y en desigual y tenue movimiento Gime en el bosque fatigado el viento.

Por la alta cumbre del collado asoma Le blanca aurora su rosada frente. Reparte perlas y recoge aroma; Se abre la flor que su mirada siente; Repite sus arrullos la paloma Bajo las ramas del laurel naciente; Y allá por los tendidos olivares Se escuchan melancólicos cantares.

Del aura dócil al impulso blando La rubia mies en la llanura ondea; Del dulce nido alrededor volando La alondra gira y de placer gorjea; Las ondas de la fuente suspirando Quiebran el rayo de la luz febea, Y en delicados mágicos colores El fruto asoma al expirar las flores.

Sobre los montes que cercando toca La niebla tiende su bordado encaje; Desde el peñón de la desierta roca Lánzase audaz el águila salvaje, El seco vientecillo que sofoca Cubre de polvo el pálido follaje; Y por el monte y por la vega umbría Crece el calor y se derrama el día.

Y en el árido ambiente se dilata La esencia de la flor de los tomillos, Y lento el río su raudal desata Entre mimbres y juncos amarillos; Y, si al cubrir sus círculos de plata Con sus plumeros blandos y sencillos La caña dócil la corriente roza, Trémula el agua de placer solloza.

Del valle en tanto en la pendiente orilla Manso cordero del calor sosiega; Se oyen los cantos de la alegre trilla; Suenan los ecos de la tarda siega; Ardiente el sol en el espacio brilla; El cielo azul su majestad despliega, Y duermen a la sombra los pastores, Y se abrasan de sed los segadores.

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Mudas están las fuentes y las aves; No circula ni un átomo de viento; Cortadas por el sol lentas y graves Caen las hojas del árbol macilento; Tenue vapor en ráfagas süaves Se levanta con fácil movimiento; Y mezclando en la luz su sombra extraña, Va formando la nube en la montaña.

Hinchada al fin, soberbia, se desprende Del horizonte azul la nube densa, Y el fuego del relámpago la enciende, Y gira por la atmósfera suspensa; Y ya sus flancos inflamados tiende. Ya el vapor de su seno se condensa, Y soltando el granizo en lluvia escasa La rompe el trueno y se divide y pasa.

Y el sol que se reclina en occidente De su encendido manto se despoja, Y en los blancos celajes del oriente Se pierde el rayo de su lumbre roja. Brilla la gota de agua transparente Detenida en el polvo de la hoja, Y tendiendo el crepúsculo su planta Del fondo de los valles se levanta.

Como el ensueño dulce y regalado Que en la fiebre de amor templa el desvelo, Vertiendo en nuestro espíritu agitado La misteriosa esencia del consuelo; Así por el ambiente reposado De estrellas y vapor bordando el cielo. Breves y llenas de feraz rocío Cruzan las noches del ardiente estío.

Y en tristes ecos el silencio crece Y en tibio resplandor la sombra vaga; La luz de las estrellas se estremece Y en el limpio raudal brilla y se apaga: Naturaleza entera se adormece En el hondo placer que la embriaga, Y lleva al aura en vacilantes giros Besos, sombras, perfumes y suspiros. .....................

Noche serena y misteriosa, en donde Dormido vaga el pensamiento humano. Todo a los ecos de tu voz responde. La mar, el monte, la espesura, el llano; Acaso Dios entre tu sombra esconde La impenetrable luz de algún arcano; Tal vez cubierta de tu inmenso velo Se confunde la tierra con el cielo.