Versos Spanish José Selgas La Primavera. Introducción

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La Primavera. Introducción

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Ellos los años son, bella es la vida En aquella feliz edad de flores En sueños de inocencia adormecida; Cuando el alma no tiene sinsabores, Y cuando el corazón aún no ha pagado Tributo de dolor a los dolores; Cuando vive feliz y sin cuidado; Muestra de lo que el hombre ser podía, Muestra de lo que fue sin el pecado. Mas ¡ah! que la inquietud y la agonía, Aún no traspuesta la infeliz infancia, No nos dejan un punto de alegría. ¡Saber!... necia ambición, vana arrogancia; Pues cuanto más el hombre en él se empeña, Más se cubre de luto y de ignorancia. ¿Qué difícil estudio nos enseña A cegar el abismo tenebroso Por donde nuestra vida se despeña? ¿Es por ventura el sabio más dichoso? Y el que la suerte a las riquezas lanza ¿Cuenta muchos instantes de reposo? Y la esperanza al fin... ¿qué es la esperanza Más que la dolorosa resistencia Que hacemos al pesar que nos alcanza? ¡Difícil inquietud! ¡Triste experiencia! ¡Quién pudiera trocar todos sus años Por unas breves horas de inocencia! ¿Y por qué a la virtud somos extraños? ¿Por qué este afán tenemos a una vida Tan llena de amargura y desengaños? La bulliciosa juventud convida A festines de amor, y nos ofrece La copa del placer apetecida. El alma se dilata y se estremece: Palpa la realidad, rásgase el velo... Y toda la ilusión desaparece. Entonces llega el matador recelo; Entonces llega la inquietud sombría, Y llegan el dolor y el desconsuelo. Y lento llega y perezoso un día, Y otro día también; y todo llega, Sin término poner a su agonía. El amor engañado se repliega; Crece la flor de los recuerdos triste, Porque con tristes lágrimas se riega. Si lozano el espíritu resiste, En vano intenta renovar la vida Dentro de un corazón que ya no existe. Así felicidad la más querida, La que fuera la luz de la existencia Es de nosotros mismos homicida. ¡Infalible verdad! ¡Triste experiencia! ¡Quién pudiera trocar todos sus años Por unas breves horas de inocencia! ¿Y por qué a la virtud somos extraños? ¿No es la virtud la amiga bienhechora Que evita dolorosos desengaños? ¿No consuela el dolor que nos devora? Si llora con nosotros... ¡qué dulzura No derrama en las lágrimas que llora! Mágica luz de nuestra vida oscura, Destello tibio, misterioso y santo, Que sigue al sol de la inocencia pura. Ella nos cubre con su hermoso manto Ella el afán mitiga y el desvelo; Ella nos presta inagotable encanto. Ella, que es inmortal, porque es del cielo, Cuando a morir la muerte nos inclina, Nos llena de esperanza y de consuelo. Siempre a la par de nuestro bien camina, Y después de esta vida transitoria, Sobre nuestro sepulcro se reclina. Ella llena de luz nuestra memoria Ella en brillantes páginas escribe De la vida fugaz la breve historia, Y sólo ¡oh Dios! para nosotros vive: Y sólo, sólo con cuidados paga Los muchos desengaños que recibe. ¡Quién no será feliz si ella le halaga! ¿Dónde se halla el placer, do la ventura, Que como la virtud nos satisfaga? Virtud, santa virtud, tu llama pura Alumbre con sus vívidos fulgores La triste imagen de mi vida oscura. Tú sabes mitigar mis sinsabores, Tú, y el recuerdo de la edad primera, Fanal que guarda deliciosas flores. Aurora de tranquila primavera, Sonrisa del placer más inocente, Que fuera nuestro bien si eterna fuera. Entonces que la vida dulcemente, Al torpe engaño y la ambición extraña, La mansa paz de la inocencia siente; Entonces que el espíritu no engaña El afán de la vida, ni el tormento De la envidia maléfica le daña; Entonces que discurre el pensamiento Por campos en verdura siempre iguales, Sin pena, ni temor, ni sentimiento Entonces que los labios virginales Recogen con espléndida dulzura La pasión de los besos maternales, Y el alma coronada de hermosura Entre Dios y los hombres se levanta, Emblema hermoso de inocencia pura. Inocencia feliz que nos encanta, Virtud que a ser felices nos enseña Y al bien dirige nuestra torpe planta. Flores ¡oh Dios! que en destrozar se empeña El revuelto tropel de las pasiones Por donde nuestra vida se despeña. Los grandes y valientes corazones A la virtud y a la inocencia fían Sus castas y profundas ilusiones Que la virtud y la inocencia envían Consuelo al mal y luz a la ignorancia De los que a su grandeza se confían. Llenos de vuestra tímida fragancia, Venid a perfumar mi pensamiento, Dulcísimos recuerdos de la infancia. Virtud, dame tu fe, dame tu aliento olvida mis pasados desvaríos; Brille en mi corazón tu sentimiento; Brille en mi vida, y en los versos míos.