Versos Spanish José Tomás de Cuéllar Impresiones de invierno

Spanish poem

Impresiones de invierno

by (1830–1894)

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SILENCIO...! soledad...! En torno mío No susurran las auras bullidoras; Prensa mi corazón infortunado El invencible hastío. Ya estoy aquí cansado, Al pié del tronco de la añosa encina, Trayendo á la memoria De mis placeres la fugaz historia. Ya estoy aquí solícito buscando, Si no el placer, el que perdí sosiego: Ya cansaron mi oído

Los gritos de la turba bulliciosa, Que se agita insaciable En pos de una quimera, Que nunca ha de encontrar y siempre espera ¡Felicidad! dulcísima palabra, Vano fantasma que do quier se agita, Visión indefinible Que burla la esperanza Del que de ella detrás se precipita... ¡Ah! sí... buscad cual volador insecto La llama que os fascina, Que mañana os veré libre de enojos, Vueltos leve ceniza ante mis ojos....

¿Qué le queda á la mente de esos sueños? ¿Qué queda al corazón de sus amores? ¿En dónde está la fe que me alumbraba Como nítida lámpara, La tiniebla al cruzar de mi camino? ¿Qué se hicieron los votos de la hermosa Que uniera su destino á mi destino? ¿En dónde están...? Mirad la seca encina... Cayeron ¡ay! sus hojas

Al embate de fieros aquilones. ¡Mirad! mirad su copa blanquecina; Nieves envuelven el desnudo tronco... ¡Ay! que un invierno al corazón le espera Y al capricho falaz de la fortuna Así como las hojas, Las ilusiones caen una por una.

¡La soledad! la soledad tan solo Presta alivio á mi pecho: Aquí me place estar con mis dolores, Aunque en lugar de flores De mústias hojas me destienda un lecho. Y pláceme que el viento Una en lúgubre acento Mi desolada queja, Al ingrato graznar de la corneja. Pláceme oír en vez de los sonidos Dulcísimos del aura. El cierzo que suspira Y entre los troncos y las zarzas gira; Y me place que en vez de los sonoros Trinos de ruiseñor en la enramada,

Suene en la peña ruda El gemido de tórtola viuda... Y el cielo ante mis ojos encubierto Con pardas nubes, que en pesado giro Vierten escarcha en hebras plateadas, Que luego amontonadas Son el blanco tapiz de mi retiro.

Canos cipreses, viejos ahuehuetes, Que contemplais estáticos mi duelo, Cual pálidos fantasmas, Yo sé muy bien que volveréis un día, Como el árido suelo, A revestiros de pomposas galas; Y tornará la alegre primavera Sus mantos de esmeralda, Tendiendo en la pradera Y en la desnuda falda De los erguidos montes; Y tintos de oro y grana Se ostentarán los limpios horizontes En la fresca mañana; Correrán los arroyos y las fuentes Con plácido murmurio,

Y en los bellos jardines Su canto soltarán los colorines.

Mas ¡ay de mi! al ánima cansada ¿Quién volverá la paz que siempre llora? Se oculta entre las sombras de la nada La esperanza risueña y seductora De que halle el corazón su primavera: Ya jamás volverá... la infausta suerte Marcó al placer su rápida carrera, Pasó la juventud con sus amores; ¿Qué me resta esperar? ¡solo la muerte!