Versos Spanish José Tomás de Cuéllar La virtud

Spanish poem

La virtud

by (1830–1894)

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OYE cual silva el arrecido viento, Llevando con sus alas, En su empuje violento, Del prado y del jardín las frescas galas. Mira esas hojas que en revueltos giros Hacia el torrente avanzan Con desigual rumor triste y medroso, Y, sin saber á donde van, se lanzan Al mar, al mar undoso....!

El cristal de la fuente, terso y puro, Se empaña con el viento que lo riza Y sus azules ondas transparentes Pardas se tornan con el cieno oscuro Que despide el torrente desbordado.

Abandonan las pardas golondrinas El nido fabricado en la techumbre Del torreón, y en pos de viva lumbre, De más ardiente sol, de frescas flores Llevan, cantando cual vinieron, todo El fruto de sus cándidos amores; Así también las ilusiones huyen Al peso de los años; Así también, después de los amores, Como el turbión que deshojó las flores, Vienen gimiendo negros desengaños; Así la fuente de inocencia pura Enturbia la corriente De violenta pasión y las creencias Más tiernas ráudas pasan Como las secas hojas que caminan Al mar.... al mar de duda....! Donde se pierden para siempre, hermana: La fé de ayer no volverá mañana.

Tal vez por eso en el hogar un día, Sobre mi adusta frente La sombra de letal melancolía Miraste de repente: Tal vez por eso solitario y triste Me contemplas do quier y en vano anhelas Leer en mi corazón secretas ansias; Solo voy caminando Mis amargos pesares lamentando.

Alguien empero de mi pena ríe Y, al mirarme reír, feliz sin duda Me contempla, cruzando por la vida, Ajeno de amargura y sinsabores, El cáliz apurando Gozoso del placer y los amores.

Dicen que la ventura me circunda Y á envidia les provoca, Y no comprenden que si ríe mi boca, Mi corazón en el dolor se inunda; No saben, no, que en mi vigilia larga Con ojo escrutador al mundo veo, Y que cada ilusión, cada deseo, Vierte una gota de veneno amarga.

No saben, no, que guardo aquí en el pecho Un corazón en el pesar sensible; No saben que la mente acalorada En rápido volar el éter hiende, Y con luz que los cielos me prestaron Los torpes desvaríos De la mezquina humanidad comprende; Y no sabrán jamás, que es otro mundo El que forjó en mi loca fantasía, Un mundo de virtud, de poesía, De pureza infinita y de bondades Porque ardiente suspira el alma inquieta, Otro mundo mejor, mundo de aromas, De amor y de armonía y de esperanza Que solo comprendió noble poeta Como el justo la eterna bienandanza.

Presto las alas que tendió mi anhelo Se pliegan fatigadas, Tiendo la vista al derredor: el suelo Está do quier de crímenes henchido, Donde vi la virtud, el vicio torpe, Artero, sin cesar se enseñorea; Donde forjó mi idea

Suma bondad, cinismo se levanta, Rencor, odio, maldad, do quier poniendo Sobre rico tapiz la inmunda planta, Donde miro lealtad, negra falsía Asoma riendo la cerviz enhiesta; En vez de amor, el lúbrico deseo Mantuvo reprobado devaneo Y la virginea fada encantadora, De deleites avara, En un rincón, cubriéndose la cara, Desesperada, su impureza llora: Tiende amigo sincero franca mano Y en las pupilas del amigo mira El fátuo brillo del encono insano Que contra el lazo de amistad conspira.

El que á la patria invoca Y con la enseña tricolor en brazos Gritando gloria, ó derramando lloro, Por el público mal, cínico y torpe Las leyes de la patria hace pedazos Y absorbe avaro el maternal tesoro.

¿Dónde está la virtud? Oigo el ruído Que produce el escarnio, turba impía

En báquica algazara Á una maga hermosísima y divina Está lanzando insultos á la cara; ¡Cual la atormentan y la acosan ciegos! ¡Cuan burlan su modestia y gallardía ! Unos la llaman detestable arpía, Otros ni aún tocan la tendida falda, Y así la vuelven con desdén la espalda. Y aquéllos que mantienen la orgía impura La llaman encubierta hipocresía; Mas ni dolor, ni escarnio, ni denuestos Borran la aureola pura Que en su frente vivífica fulgura.

¡Feliz aquél que ante las aras divas De ese ángel purísimo y risueño La frente doblegó! ¡feliz quien ama De adorable virtud los resplandores, Y en la terrible adversidad la llama; Ella vendrá gentil regando flores, Ella gallarda y pura y refulgente Vendrá á poner al triste La oliva de la paz sobre su frente; Ella en los labios que secara el hielo Del agudo dolor, néctar sabroso Derramará del cáliz delicioso

Donde beben los ángeles del cielo; Ella lo guarda entre sus castas manos Para dar al sediento peregrino, Que equivocó el camino, Y la llama infeliz en su agonía, En su pesar profundo, Que es la única en el mundo Que del triste mortal los pasos guía.

Yo sé que tú te postras reverente Ante ese ángel de paz; sé que la invocas Y que ilumina tu apacible frente, Cuando las orlas de su manto tocas; Yo sé que tú la amas, que á tu lado La llamas con solícito cuidado, Cual los blancos risueños serafines Que allá del cielo inmenso en los confines Al lado viven de las justas almas Y á la blanca virtud, si baja al mundo, Sus coronas le prestan y sus palmas.

Ámala sin cesar, no venga el día En que al fiero desdén tienda las alas Y te abandone enmedio á tu agonía.... Qué hicieras ¡ay! sin sus lucientes galas.