Spanish poem
Las nubes
by José Tomás de Cuéllar (1830–1894)
NUBES flotantes, húmedos vapores, Viajeras incansables del espacio, Que vestís los colores Del rubí, del zafír y del topacio! Veros me place; el sol os ilumina Y le tendeis magnífica cortina.
¡Las nubes! silenciosas mensajeras De las azules cóncavas alturas, Que destendeis vistosas En el éter flotantes colgaduras; ¡Oh! ¡cuánto goza el corazón si miro Vuestro voluble é incesante giro!
Yo os amo, ¡oh nubes! porque acá en mi mente Me revela una voz dulce y sonora En mi delirio ardiente Lo que allá en vuestros senos se atesora: Sí, yo comprendo, nubes vaporosas, Vuestras gigantes cifras misteriosas.
Yo os amo; y cedo al celestial encanto Que me inspirais, deidades de los vientos, Y alzo mi ardiente canto Porque á vosotras lleguen mis acentos; Y hallando así mi plácido recreo, Siempre girar sobre mi frente os veo.
Y si en contornos frágiles, livianos, Al blando soplo del ligero viento, Revelais los arcanos De vuestra esencia, entonce el pensamiento Se dilata en la bóveda del cielo, Creciendo más mi infatigable anhelo.
Sí; porque miro en vuestras formas varias De alcázares los muros derruidos, Las torres solitarias
O de monstruos alígeros unidos, La fantástica tropa que pelea Y del poeta el ánima recrea.
Mil perspectivas de óptica brillante Semejais otras veces: de oro y grana El astro fulgurante Con riquísima tinta os engalana, Y allá sobre las cúspides del monte, Lentas formais espléndido horizonte.
Cuando brillais ¡oh nubes! y la sombra Va extendiéndose triste por el suelo, Sois la mullida alfombra En que pasean los ángeles del cielo; Que mientra el mundo en su letargo se hunde, Lampo de oro por vosotras cunde.
Mas viene la tiniebla amenazante Sus crespones tendidos por la esfera, Y ruge rebramante El ábrego en su rápida carrera; Se difunde el terror en la natura, Y tiembla el universo de pavura.
Los pálidos relámpagos serpean Con fosfórico brillo; del torrente Las rápidas ondean, Truena la tempestad sobre mi frente; Y allá hasta el centro de la negra nube Mi pensamiento á deleitarse sube....
Á deleitarse, sí; que esos vapores Que lleva el viento en revoltosos giros, Hablan á mis dolores Y del bardo recogen los suspiros: Esas nubes también, como mi alma, Después del rayo gozarán la calma.
¿Por qué tiemblan cual míseros gusanos Los hijos del placer y los amores, Los ricos cortesanos, Al escuchar los vientos bramadores? ¿Por qué se entregan á letal desmayo Cuando en el éter se desprende el rayo?
¿Y por qué os ocultais tras las cortinas Y cerrais vuestras góticas ventanas, Cobardes mesalinas, Más hechiceras cuanto más livianas?
¿Por qué sentís desgarrador quebranto Transido el torpe corazón de espanto?
¡Ah! sí; temblad los que en infanda orgía Los crímenes sedientos apuraron, Y con torpe ironía Sacrílegos de todo blasfemaron: ¡Temblad, mientras al son del ronco trueno Alza el poeta su cantar sereno!
Gózome, sí, con el sonoro canto Que ajeno de las míseras pasiones Con júbilo levanto, Oue al rebramar de fieros aquilones, Resuenan en el cóncavo vacío, La voz de mi Criador y el canto mío!