Spanish poem
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En el fondo de un valle por en medio del cual ancha vertiente abre á sus turbias aguas un torrente honda y torcida calle; torrente en el Invierno y arroyo en el Estío, en julio despreciado, y en diciembre con honores de rio; cercado de peñascos y maleza por ambos horizontes, y hundido entre dos montes de fértil aspereza: en este valle, pues, y estas montañas poseia Don Lucas de Hinestrosa, Padre de Beatriz, quinta escondida, saludable y frondosa, y en el sitio mejor de ambas Españas sentada y construida.
En Córdoba la bella, ciudad moruna de recuerdos rica, cuyas calles estrechas y cuyas casas de ladrillos hechas el gusto actual critica; mas cuya situacion encantadora, cuyo nombre halagüeño como memoria de agradable sueño el Moro aun en el desierto adora.
En aquellas montañas formidables habitadas un dia por viejos ermitaños venerables, y habitadas primero por derviches fanáticos, es donde Don Lucas de Hinestrosa á Beatriz esconde, y allí, donde la cándida novicia el aire y agua saludable goza á su nociva enfermedad propicia.
Allí á lo menos desde la alta cumbre libres pasean sus avaros ojos estenso campo; y vária muchedumbre de objetos mil distintos, de la naturaleza mil antojos alcanzan por los mágicos recintos de aquellos naturales laberintos.
Alli goza del cielo cuanto abarcan entrambos horizontes y largo campo del vistoso suelo. Allí en la estensa vega que ancho el Guadalquivir fecunda y riega, ve cubrir la magnífica campiña el apareado olivo siempre verde, la rubia mies y la fecunda viña, y la estendida pita sembrada en los vallados, y la roja amapola que se agita dando aroma y color á los sembrados: y las hojas pegadas de los higos de tuna, de los lagartos con pasion amadas, y de la sorda abeja acariciadas.
Y ve los anchos sotos y las verdes dehesas donde encerradas en campestres cotos dan crias retozonas y traviesas las generosas yeguas cordobesas.
Y ve la hermosa Beatriz pasmada, desde aquellos peñascos donde habita, la poblacion morisca coronada por la bella y mas célebre mezquita á los ginetes moros conquistada.
Y ve á sus pies en la montuosa tierra, teatro un tiempo de azarosa guerra, brotar continuamente cercados de silvestres florecillas, y el manantial de rumorosa fuente, ya corpulentos robles, ya enlazada á las hayas amarillas con recios brazos y con nudos dobles la cariñosa yedra cuya oculta raiz nace en la piedra.
Allí el aire tranquilo se embalsama con los gratos olores que la feráz frondosidad derrama: y se respira pura el aura salutífera que impregnan con su aroma las flores, las fuentes con vapores y frescura.
Allí la limpia tmósfera armonizan las pasajeras aves con cánticos suaves que los sentidos con el alma hechizan.
Y allí pasa Beatriz el tiempo breve de la estacion florida, rápida imágen de la corta vida que en la tierra habitar acaso debe; y allí pasa sus dias á lo menos, ya que no entre placeres bulliciosos, alegres, y serenos y libres, con sus sueños deliciosos.
Su Padre la acompaña, y el Doctor la visita y en dulce soledad vive sin cuita al mundo entero y al convento extraña.
El oro de Don Lucas de Hinestrosa sus caprichos y gustos la previene, y con su vida Beatriz se aviene, y lejos del convento muy dichosa.