Spanish poem
¡Allah Akbar!
Noche azul ciñe la ierra: ilumina el firmamento blanca luna: manso viento mece el bosque en lento son, y las torres de la Alhambra que a sus copas sobrepujan, en los pliegues se dibujan de su verde pabellón.
En los fértiles collados extendida está Granada, que respira embalsamada los perfumes del abril adorada de las aves favorita de las flores, adormida en los amores, y en poder de Boabdil.
Todo en torno en paz reposa: solamente allá en la hondura se oye el Darro que murmura entre guijos al pasar; y al murmullode sus ondas, desvelada entre la amena soledad, a Filomena amorosa gorjear.
Todo yace en sueño y sombra, a la luz de las estrellas: sólo lucha con la de ellas la que alumbra un ajimez de la torre de los Picos, y a través de cuya espesa celosía, brilla presa su rojiza brillantez.
¿Quién allí tan a deshora en aquella torre vela, mientras guarda un centinela su almenado murallón? ¿Quién allí por dicha o duelo el reposo dulce esquiva? ¡Alláh akbár! es la cautiva que perdió su corazón.
Garza joven, sorprendida en las lomas de Antequera al tender la vez primera tiernas alas hacia el sol, no ha podido libre al viento al cruzar verde paisaje, ostentar de su plumaje el brillante tornasol.
Blanco lirio, que entre nieve cosiguió brotar apenas transplantado a las amenas praderías del Genil, en sus cármenes fecundos con su riego nutritivo, perfumado, fresco altivo, desplegó su flor gentil.
Pobre niña, entrada apenas en sus quince abriles bellos, sin saber apreciar de ellos la belleza ni el valor, fué en el campo cautivada por un noble Abencerraje y ofrecida en homenaje por traición a su señor.
Acusaron de ocultarla los Gomeles a su dueño; mostró el rey en verla empeño, y mandósela entregar. «¡Allá akbár! (dijo llorando el amante Abencerraje), ¡no pensé cuando la traje que me la iban a robar!
Arranquéle con mi lanza del harén del castellan; no es esclava a quien mi mano y mi nombre voy a dar; mas si el rey contra justicia, y a la fuerza me la toma, él dé cuentas a Mahoma de su crimen. ¡Alláh akbár!»
Los Gomeles la llevaron ante el rey: amóla al verla y en su harén quiso tenerla el injusto Boabdil. Mas en vano; la cautiva guarda firme allá en su pecho el santuario que tiene hecho para el árabe gentil.
Y en la torre de los Picos do el tirano la encarcela, por la noche vive en vela, e ilumina su ajimez, porque sabe que del Darro en la margen a tal ora la contempla quien la adora, quien la hará libre tal vez.
Y los nobles granadinos que lamentan este ultraje, y del buen Abencerraje ven la pena y la razón, dicen, viendo en la alta torre mantenerse la luz viva: «¡Alláh akbár!, es la cautiva que le dió su corazón.»