Versos Spanish José Zorrilla ¿Qué Se Hicieron Las Auras Deliciosas

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¿Qué Se Hicieron Las Auras Deliciosas

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CANTOS DEL TROVADOR ¿Qué se hicieron las auras deliciosas Que henchidas de perfume se perdían Entre los lirios y las frescas rosas Que el huerto ameno en derredor ceñían? Las brisas del otoño revoltosas En rápido tropel las impelían, Y ahogaron la estación de los amores Entre las hojas de sus yertas flores. Hoy al fuego de un tronco nos sentamos En torno de la antigua chimenea, Y acaso la ancha sombra recordamos De aquel tizón que a nuestros pies humea. Y hora tras hora tristes esperamos Que pase la estación adusta y fea, En pereza febril adormecidos Y en las propias memorias embebidos. En vano a los placeres avarientos Nos lanzamos doquier, y orgías sonoras Estremecen los ricos aposentos Y fantásticas danzas tentadoras; Porque antes y después caminan lentos Los turbios días y las lentas horas, Sin que alguna ilusión de breve instante Del alma el sueño fugitiva encante. Pero yo, que he pasado entre ilusiones, Sueños de oro y de luz, mi dulce vida, No os dejaré dormir en los salones Donde al placer la soledad convida; Ni esperar, revolviendo los tizones, Al yerto amigo o la falaz querida, Sin que más esperanza os alimente Que ir contando las horas tristemente. Los que vivís de alcázares señores, Venid, yo halagaré vuestra pereza; Niñas hermosas que morís de amores, Venid, yo encantaré vuestra belleza; Viejos que idolatráis vuestros mayores, Venid, yo os contaré vuestra grandeza; Venid a oír en dulces armonías Las sabrosas historias de otros días. Yo soy el Trovador que vaga errante: Si son de vuestro parque estos linderos, No me dejéis pasar, mandad que cante; Que yo sé de los bravos caballeros La dama ingrata y la cautiva amante, La cita oculta y los combates fieros Con que a cabo llevaron sus empresas Por hermosas esclavas y princesas. Venid a mí, yo canto los amores; Yo soy el trovador de los festines; Yo ciño el arpa con vistosas flores, Guirnalda que recojo en mil jardines; Yo tengo el tulipán de cien colores Que adoran de Estambul en los confines, Y el lirio azul incógnito y campestre Que nace y muere en el peñón silvestre. ¡Ven a mis manos, ven, arpa sonora! ¡Baja a mi mente, inspiración cristiana, Y enciende en mí la llama creadora Que del aliento del Querub emana! ¡Lejos de mí la historia tentadora De ajena tierra y religión profana! Mi voz, mi corazón, mi fantasía La gloria cantan de la patria mía. Venid, yo no hollaré con mis cantares Del pueblo en que he nacido la creencia, Respetaré su ley y sus aliares; En su desgracia a par que en su opulencia Celebraré su fuerza o sus azares, Y, fiel ministro de la gaya ciencia, Levantaré mi voz consoladora Sobre las ruinas en que España llora. ¡Tierra de amor! ¡tesoro de memorias, Grande, opulenta y vencedora un día, Sembrada de recuerdos y de historias, Y hollada asaz por la fortuna impía! Yo cantaré tus olvidadas glorias; Que en alas de la ardiente poesía No aspiro a más laurel ni a más hazaña Que a una sonrisa de mi dulce España.