Spanish poem
Ella, Él
(78)
El cabello desceñido, Por las mejillas el llanto, En su angustiado quebranto Es el angel del dolor. Sobre el lecho de la muerte El triste poeta gime, La ardiente fiebre le oprime Con fuego devorador.
Jóven, lleno de ilusiones En su primavera espira, Él por sus sueños delira, Y ella delira por él. ¡Se muere!… y por solo alivio De eterno dolor profundo, Quedará sola en el mundo Con un recuerdo de hiel.
Fueron sus ojos azules, Fueron sus lábios de rosa, Su sonrisa voluptuosa, Su mirada angelical; Ahora es una azuzena Sin frescura y sin aroma, Una palma que desploma El revuelto vendabál.
(79)
»— Oíste? ¿No fue el viento Que murmuró tu nombre? Era la voz de un hombre, Era un odioso acento.
Acércate ¡alma mía! He visto ya la muerte, Ah! necesito verte… Acércate María!…
Aparta de mi mente Las sombras del delirio, Consuma mi martirio Ó Dios Omnipotente!
¡Angel mío! ¡María! … aquí, en mi frente Siento un ardor horrible que me acaba; ¡Es de un volcán la abrasadora lava, Es de fuego un torrente!
¿Me huistes ¡oh María! Cual un fantasma vano? Tu delicada mano Tocar me parecía.
Creí sentir la seda De tu cendal ligero… María… ¡á Dios! … yo muero María … ¡en paz te queda! No — yo quisiera ahora La calma de un momento… Uno solo… ¡oh tormento! Tan solo sí una hora…»
¡Tan jóven ¡ay! — la voluptuosa aurora No ví mas de la vida… y á la oscura Tumba bajar! … sin tí, sin tu hermosura, María encantador!
¡Tan jóven y perderte! Ahora que la vida me halagaba, Cuando mi gloria ¡oh vírgen! empezaba, Ir á dormir el sueño de la muerte!…
Ay, solo, abandonado Deja la luz el mísero poeta… Y su mente ambiciosa, vaga, inquieta Irá á encerrar en el sepulcro helado!
¡Morir! … ¡oh nó, imposible! ¿Y mi lira? ¿Y mis versos? … ¿Y mi gloria? ¡Ni mi nombre siquiera en la memoria De un solo vivo? … ¡Idea aborrecible!
¿Ni ella tampoco, ni ella Viene á coger mi fúnebre suspiro? ¡Y me acabo! ¡y apenas ya respiro! ¿Y yo la amaba, y la llamé mi bella?
¡Amor mío! María, Tú me amabas también: será el postrero, Pon en mi labio un ósculo hechicero… Tranquilo bajaré á la tumba fría!
(80)
En congojosa agonía Al abandonar el mundo, Con acento moribundo Así el poeta decía.
Y en medio la fiebre ardiente Por su bella demandaba, Y su llanto derramaba La bella sobre su frente.
¡Lanzó un suspiro! — ¡Su boca Guardará silencio eterno! Tal vez con gemido interno Un nombre adorado invoca.
EL lábio á su lábio unió La desolada María… ¡Inútil! — la muerte impía de su dolor se rió.