Versos Spanish José Zorrilla La noche y la inspiración

Spanish poem

La noche y la inspiración

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- I -

La noche, sobre el mundo desplomada, Tendió en él de su sombra el ancho velo, Porque su sueño no turbase osada La lumbre de las lámparas del cielo. Pero temiendo acaso que le ahogara Con tan espesa red sombra importuna, Antes que con pavor se desvelara Trepó al cenit la transparente luna. A la amarilla luz con que ilumina, Cobíjase la sombra en los rincones; Y reflejan su llama peregrina Ríos, fuentes, pizarras y balcones. Como en delirio de amoroso ensueño De la virgen sonríe el labio amante, La tierra desplegó su adusto ceño Al fugitivo resplandor errante. Duerme allá en su palacio el poderoso, Duerme el pastor cansado en su cabaña, Éste tranquilo, el otro receloso Soñando avaro la fortuna extraña Duerme al pie de sus armas el soldado, Duerme el mendigo tras de larga vela, Mientras por éste vela su cuidado Y por aquél el tardo centinela. Duerme el ave en las ramas guarecida, Duerme la fiera en su morada impura, Aquélla por las ráfagas mecida, Ésta al rumor del agua que murmura. Deslízase la brisa temerosa, Guardan las nubes la tormenta inerme. Todo entre sombras a la par reposa, El viento calla, la tormenta duerme. Tú, dulce amigo, que en la noche umbría Al grato son del arpa melodiosa Ensayabas cantares algún día Bajo el balcón de tu adorada hermosa, Déjame que hoy en soledad delire, Y a delirar contigo me aventure, Que en tus brazos un hora en paz respire Y del dormido mundo en paz murmure. Yo soy el que cantó fiestas y amores En insensatos himnos juveniles, Y el arpa tosca coroné de flores Al ensayar mis cánticos pueriles. Yo soy el que soñó gloria y laureles, Y con la vida en mi ilusión luchando Orlé el mundo de falsos oropeles Allá en mi loca juventud soñando. Ya desperté: mis fábulas soñadas, Mis delirios de amor, perdí en el viento, Y el viento, como ramas desgajadas, Las apartó del tronco macilento. Hoy no conservo de la edad primera Más que la voz un poco enronquecida, Y el velo de la negra cabellera Sobre la frente sin color tendida. Quédame de mí mismo la esperanza Y el afán de cantar mientras aliente, Mientras gravite en la vital balanza La vanidad del corazón demente. Quédame aún altivo y vigoroso De noble inspiración el fuego santo, Quédasme tú, poeta generoso, Para escuchar mi desmayado canto. Tú, que vas a las tumbas de los hombres A buscar un disfraz y una careta Para escudar con los difuntos nombres Tus amargas creencias de poeta. Tú, que al abrigo de ignoradas leyes, Con la antifaz de un muerto, en gesto bravo Parodias los esclavos y los reyes Riéndote del rey y del esclavo. Tú, que en la farsa del ocioso mundo Preparando otra farsa al mando mismo, Lo das a devorar su cieno inmundo En formas de virtud y de heroísmo. Quédasme tú, y la noche silenciosa Con su turbio fanal, tocas azules; La soledad del bosque religiosa Con su manto de pinos y abedules. Quédame el templo con su acorde coro, Sus capillas, sus lámparas o altares, Su santa cruz, sus incensarios de oro Y sus gigantes góticos pilares. Quédame el mundo sin la imbécil farsa Que en su tablado inmenso se coloca, Todo el teatro, en fin, sin la comparsa Que bulle en él desenfrenada y loca. No más la cantaré sus devaneos; Ya se acabó mi cántico mundano, Que me cansan sus falsos galanteos Y el necio aplauso de su torpe mano. Ronca la voz y seca la garganta, Expiró mi cantar, rompí mi lira, Sólo mi lengua mis caprichos canta, Sólo esa farsa compasión me inspira. Puesto que un mundo me fingí tan bello Cuanto le encuentro descompuesto y loco, Hoy por la turba impávido atropello Porque le creo a mis delirios poco. Y hoy, a la lumbre de la blanca luna Escúchame la inspiración sublime, Que me bulle en el ánima importuna Y el perezoso corazón me oprime. Porque ese cielo azul y esa ancha sombra Que mitiga la luz que el sol enciende, Con que la noche su palacio alfombra, Y esa brisa fugaz que el aura hiende, Y ese mudo y silencio pavoroso Que regala el cansancio del oído, Y en pabellón convierte de reposo El mundo que a sus pies yace dormido, Son una inspiración dulce, tranquila, Vaga, armoniosa, en que se aduerme el alma, En que el dudoso corazón vacila.... La que habló Calderón y agitó a Talma. Ésa no la conocen los profanos Ni revelarla osó ningún profeta: ¡Oh! Ven; que mientras duermen los mundanos Yo siento en mí la inspiración inquieta. Óyela tú, que brota solitaria Para ti, en tu pacífico retiro, Como amorosa y lánguida plegaria, Como amistoso y postrimer suspiro.

- II -

Pende del cenit la luna, Reverberan las estrellas, La vida se vierte de ellas Porque pensar es vivir. Vacila inquieta la mente, El pensamiento medita, Ociosa el alma se agita Y deliramos sentir. Cual mana en oculta peña Cristalina y mansa fuente, Crea imágenes la mente Que se ofuscan al brotar. Nos presta honda, solitaria, Una idea el pensamiento, Y sin gozo y sin tormento La sentimos resbalar. Una idea libre, vaga, Turbulenta, revoltosa, Un fantasma de una cosa Que no hemos visto jamás; Una fosfórica llama Que nos sigue y la seguimos, Adelante si la huimos, Si la buscamos, detrás. Idea que brota informe En la languidez del alma, Que nace y muere en la calma Del placer o del pesar; Una idea que no estorba Para ver lo que se mira, Que nada en el alma inspira Y en nada deja pensar No es mujer, demonio, ni ángel, No es esperanza ni gloria, Pero existe en la memoria Sin fuerza y sin voluntad; Si el alma padece es triste, Y si goza es lisonjera, Y si el alma desespera, La idea es la eternidad. Esa idea nos agobia, Se revuelve y se acrecienta De la noche amarillenta Al silencioso rumor; Y el susurro de una brisa, El murmullo de una fuente, La mantienen en la mente Sin hacérnosla mejor. Entonces es cuando el hombre Piensa sin saber qué piensa, Y aborta una idea inmensa Sin concebirla tal vez; Entonces es cuando mira En la tierra un hondo foso, Y un pabellón de reposo Del cielo en la brillantez. La soledad y el silencio Exhalan vaga armonía Que en el oído no oiría, Y atenta el alma escuchó. Una música con formas Que al resbalar en la mente Nos deja lánguidamente La idea de que pasó. Entonces nuestros sentidos En blandos sueños deliran, Y en torno al ánima giran Ilusiones mil a mil. El oído oye murmullo, El olfato aspira olores, Los ojos crean colores En delirio tan pueril. Vemos entonces paisajes Con ruinas, templos y fiestas, Y oímos coros y orquestas Y suspirar y reír; Sentimos ríos que corren, Vistosas aves que vuelan, Manantiales que rïelan Por entre juncos salir. Vemos en vasta llanura Sotos y villas lejanas, Y oímos de sus campanas El apagado doblar; Vemos formas misteriosas Que sonríen pasajeras, Y lumbre de mil hogueras Que reflejan en la mar. Vemos árboles, cascadas, Insectos, monstruos y flores Que nos dan ricos colores, Y movimiento que ver; Vemos un mundo cerrado En transparentes encajes, Entre flotantes celajes Cercano a desparecer. Y oímos dentro del pecho El uniforme latido Del corazón abatido Que dentro volando está, Como un reloj cuya péndola, Sorda, monótona y lenta, Los pasos del tiempo cuenta Que a hundirse en la nada va. En este estado sin nombre Ni dormimos, ni velamos, Vemos lo que no miramos, Sentimos lo que no es. Y a un movimiento, a un suspiro Que olvidados exhalemos, Todos nuestros sueños vemos Pavesas a nuestros pies. No es dormir y se despierta, No es muerte y se vuelve a vida, Y allá en la mente escondida Se levanta una creación. Entonces el pintor pinta, El músico escucha y toca, Y el poeta halla en su boca Palabras de inspiración. Entonces siente arrobado De fuego su pensamiento, De fuego el osado aliento, De fuego el habla mortal; Hay un volcán en su lengua, Y un volcán en su mirada, Y cruza el mar de la nada Con su mirada inmortal. Entonces escribe Byron, Entonces pinta Murillo, Y el sol vierte escaso brillo Para su aborto alumbrar; Entonces Hoffman delira, Y en torno de su ponchera Como en torno de una hoguera Ve sus fantasmas flotar. Entonces Calderón llama, Y a su vigoroso acento, Cielo, infierno, en un momento Parecen delante de él. Y paseando allí sus ojos, Seres buscando inmortales, Sus Autos sacramentales Arroja al mundo en tropel. Entonces el cuerpo duerme, Este alcázar de ceniza Que el ánima diviniza Por ser cárcel de los dos, Mientras ella, libre, ufana, Hija de celeste prole, De su estirpe soberana Demanda cuenta a su Dios. El mundo ansiosa registra Sin respetos ni barreras, En pos de lindas quimeras Con que hacer mando mejor; Y ni templos, ni palacios, Ni presentes, ni futuros, En la nada están seguros De su ímpetu creador. A su voz dejan los muertos Sus encierros funerarios, Envolviendo en los sudarios Lo que queda de su ser; Santos, criminales, niños, Esclavos, soldados, reyes, Sus caprichos como leyes Se aprestan a obedecer. Entonces la tierra es fango Ante su origen divino, El universo mezquino A su noble inmensidad; Dios es el fin de su raza, Es la atmósfera su aliento, Su alcázar el firmamento, Su tiempo la eternidad. Entonces brota en sonidos El fuego febril del alma; Lope, Schiller, Máiquez, Talma, Atan el mundo a sus pies. Y entonces ¡oh actor poeta! En tu espíritu altanero, Ni el poeta está primero, Ni el actor está después. Es el teatro tu imperio, Es el pueblo esclavo tuyo, Tus derechos el misterio De tu osada inspiración; Y nosotros, los profanos, Asombrados te rendimos Sonoro aplauso en las manos, Respeto en el corazón. Y en la altivez de tu orgullo Llegan a ti nuestras voces Como el imbécil murmullo Que alza un insecto al volar; Y a tu vista somos sólo Nosotros, un pueblo entero, Un revoltoso hormiguero Que va tu planta a cegar. Entonces, magnates, reyes, Caudillos, conquistadores, Privados, emperadores, Son allí menos que tú; Y ante tus falsos disfraces Es tierra, harapos y talco Cuanto ostenta altivo palco De oro, perlas y tisú.