Spanish poem
Romance
La noche no tiene ruido, En la sombra no hay color, No hay en los viejos cuidado, Las dueñas no tienen voz; Pero cuando todos duermen Estamos velando dos: Ella, en la reja sentada, Y al pie de la reja, yo. Mis ojos no ven sus ojos, No ven su tez transparente, No ven su rosada frente Ni su sonrisa de amor; No ven el rubor de virgen Que sus mejillas colora; Tiene quince años ahora…, Las niñas tienen rubor. No ven mis ojos avaros Su casi desnuda espalda, Ni entre la revuelta falda Asomado el blanco pie: Como en la orilla de un río, Rompiendo la inquieta espuma, Tender la flotante pluma Nevado un cisne se ve. Ni en su garganta y sus hombros El alto pecho imagino, Ni por su rostro adivino. Del corazón la inquietud; Y tiene la áspera reja Centinela desvelado: Delante el amor osado, Detrás la frágil virtud. Mas ¡pese a la densa reja, Pese a la noche sombría, Ya tengo ¡paloma mía! El alma bañada en ti! Tengo mis labios de fuego Sobre tus labios de rosa, Y en tu pecho late, hermosa, Un corazón para mí. ¡Adiós!, que por el Oriente La luz importuna sube, Y envuelto en húmeda nube Las tinieblas rasga el sol, Y para una niña en vela Y el galán que la enamora, Mucha luz tiene la aurora En el brillante arrebol. Vierte el alba en su sonrisa Su armonía y su color, Y se columpia la brisa En el cáliz de la flor; De rosa, lirio y claveles, Robando el fragante olor, Cuelga en los anchos laureles Gemido murmurador. Y gime la fresca fuente Bajo el manto de cristal, Y gime lánguidamente La tórtola angelical; Y enamorada paloma Bebe la luz matinal, Meciendo el aura de aroma Con arrullo desigual. En tanto el noble mancebo El ancho jardín cruzó, Murmurando por lo bajo Enamorada canción. «¡Oh! Vuelve, noche sin ruido, Con tu sombra sin color, Con tus viejos sin cuidado Y cien tus dueñas sin voz; Porque, cuando todos duerman, Volvamos a velar dos: Ella, en la reja sentada, Y al pie de la reja, yo.»