Versos Spanish José Zorrilla X (Llovió un día, llovió dos)

Spanish poem

X (Llovió un día, llovió dos)

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Llovió un día, llovió dos, llovió toda la semana; pero al fin una mañana salir al sol mandó Dios.

Y el sol alegró a la gente; y como por más que llueva, por terreno tan pendiente corre el agua y se la lleva al mar su misma corriente, a poco que el aire corra se seca el piso y se borra la humedad rápidamente.

Sobre si se iba a aclarar o iba a volver a llover, se empezó a deliberar lo que se había de hacer.

¡Que a dónde se había de ir, no siendo posible andar!, mas que era imposible estar en Zarauz y no salir por el campo a corretear.

Yo comencé a comprender que todos otra carrera deseaban emprender, fuera posible o no fuera, lloviera o no; y a mi ver lo imposible en Zarauz era vivir allí sin correr.

Y así se nos pasó el día en si se corría o no; pero al siguiente salió un sol que daba alegría y que todo lo alegró.

—«Vámonos; pongan el coche y avisen a las muchachas,» ¡Y qué bullicio, qué rachas de alegría, qué derroche de apropósitos y chistes! Y entre aquella batahola dijo Carmen: —¡A Loyola! Y ¡ay Zarauz!, tú que nos vistes.

¡Y qué bien rueda el carruaje por carretera tan llana, cruzando el verde paisaje a quien da tan verde traje vegetación tan lozana!

La tierra, ante el sol risueña, sacudiéndose el rocío, despierta; ya la cigüeña baja a limpiar el plantío; parece de oro la peña y trenza de plata el río.

Aun húmedos verdeguean los prados, y en la enramada los pájaros aletean, pían, trinan y gorjean enviando a Dios la alborada.

La tierra entera, del sueño al salir, a Dios se torna con su aspecto más risueño, como esclava que se adorna para ir a ver a su dueño;

y alegre, fresca y lozana, le saluda y felicita, cuando su luz soberana de la sombra ciega y vana los velos negros la quita.

Ahí va, y haz lo que se ufana la creación infinita en hacer, Carmen cristiana: y Dios te vuelva bendita tu oración de la mañana.

«¡Señor, que me dejas ver el mundo y en él vivir de vivir con el placer, ¡que no me pese al morir de lo que voy hoy a hacer!

Puesta en este mundo estoy por tu designio profundo, siendo por ti lo que soy: ¡que no me pierda en el mundo por mi modo se ser hoy!

¡Dios, que los mundos mantienes en tu mano soberana y das y quitas los bienes, acepta, pues mi fe tienes, mi oración de la mañana!»

No temas lo que te digo decir a Dios hoy conmigo, Carmen: que al llevarme en pos de ti, mi fe va contigo y mi fe va puesta en Dios.

Por la tierra me perdí, por los mares se perdió el navío en que me fuí; mas siempre a salvo salí: Dios jamás me abandonó.

Y acaso es la última vez que corro así por la tierra; ¡ay del poeta que encierra entre muros sus vejez! ¡Dadme a mí en su esplendidez, sol, ambiente, campo abierto, la libertad del desierto, aire de mar que me envuelva, son de agua, rumor de selva… del globo el almo concierto!

Aspira aquí al salud a pleno pulmón mi aliento: refrescarme el pecho siento ráfagas de juventud. Siento aquí en su plenitud la fe de mi corazón; Dios abre a mi inspiración para mi último cantar, el cielo, la tierra, el mar, ¡la infinita creación!

¡Incrédula ciencia, atrás! Pobre razón, seca y fría, ¡si Dios es la poesía y Dios no muere jamás! Tendrá mañana, hoy quizás, fin mi vida, que es ya corta; mas si el alma vive absorta de inspiración y de fe, que Dios la muerte me dé mañana u hoy, ¡qué me importa!

Negarme un alma inmortal y discurrir y andar vivo sólo por ella, concibo que es hacerme al bruto igual. Oye, sabio irracional, cuando del cuerpo al salir, sientas a tu alma ir de Dios arrastrada en pos, creo que más que morir sentirás morir sin Dios.

Yo he vivido vagabundo del mar por ambas orillas, cantando las maravillas de que Dios ha henchido el mundo. Mi saber no es muy profundo, mas infinita es mi fe: cuándo he de morir no sé, mas sé cómo si no cuándo: pues que viví a Dios cantando, cantando a Dios moriré.

Y a quien, pasando a Dios canta, se le adhiere, vaya o vuelva, cuando vegeta en la selva brota, anida o se amamanta; ave, insecto, bruto o planta, todo va tras el encanto de aquel vivífico canto y se une a su ritmo y verso; el rumor del universo no es más que eso: un himno santo.

Siga, pues, la caravana de Zarauz campo adelante, y conmigo a Dios levante la oración de la mañana. Somos gente algo mundana, que va un poco a la ligera pro el mundo a la carrera: mas de raza que no olvida en su viaje por la vida la fe de edad primera.

Mas reflexiones atajo y alardes y altanerías: hoy vuelo en aire más bajo, y quien por aquí me trajo me trae a sus correrías.

Con que ¡otra vez a correr! ¿Por qué no satisfacer, pues no podemos volar, de corretear el placer de ver y mariposear?

Más vale que recorramos y estudiemos el país español en donde estamos, que a desperdiciar vayamos tiempo y dinero en París.