Spanish poem
El Dos De Mayo De 1808. Himno
by Juan Bautista Arriaza (1770–1837)
Día terrible lleno de gloria lleno de sangre, lleno de horrores nunca te ocultes a la memoria de los que tengan patria y honor. Este es el día que con voz tirana Ya sois esclavos la ambición gritó; y el noble pueblo, que lo oyó indignado, Muertos sí, dijo, pero esclavos no. El hueco bronce, asolador del mundo, al vil decreto se escuchó tronar: mas el puñal que a los tiranos turba aun mas tremendo comenzó a brillar. Ay como viste tus alegres calles, tus anchas plazas, infeliz Madrid, en fuego y humo parecer volcanes y hacerse campos de sangrienta lid! La lealtad, y la perfidia armada, se vio aquel día con furor luchar; volviendo el pueblo generosa guerra por la que aleve le asaltó en su hogar. ¿Y a quién afrentas proponéis, tiranos? ¿a quién al miedo imagináis rendir? ¿al fiel Daoíz, al leal Velarde, que nunca saben sin honor vivir? El mundo aplaude su respuesta hermosa: tender el brazo al tronador metal, morir hollando sus contrarios muertos, y ser de gloria a su nación señal. Temblando vimos al francés impío, que en cien batallas no turbó la faz, de tanto jóven, que sin armas fiero, entre las filas se le arroja audaz. Víctimas buscan sus airadas manos pero el error les arrancó el puñal; y ¡ay! que si el día fue funesto y duro, aun más la noche se enlutó fatal. Noche terrible, al angustiado padre buscando el hijo que en su hogar faltó, noche cruel para la tierna esposa que yermo el lecho de su amor se halló, noche fatal, en que preguntan todos, y a todos llanto por respuesta dan, noche en que frena de la Parca el fallo, y ¡ay! dicen todos, ¡quiénes morirán! Sensibles hijas de la hermosa Iberia, pues sois modelos de filial piedad, los ojos, llenos de ternura y gracia, volved en llanto a la infeliz ciudad: Ved a la muerte nuestros caros hijos entre verdugos el traidor llevar; y el odio preste a vuestros ojos rayos, si de dolor ya no podéis llorar. Esos que veis, que maniatados llevan al bello Prado, que el placer formó, son los primeros corazones grandes en que su fuego libertad prendió: Vedlos cuan firmes a la muerte marchan, y el noble ejemplo de morir nos dan; sus cuerpos yacen en sangrienta pira, sus almas libres al Empíreo van. Por mil heridas sus abiertos pechos oid cual gritan con horrenda voz: «Venganza hermanos: y la madre España nunca sea presa del francés feroz». Entre las sombras de tan triste noche este gemido se escuchó vagar, gozad en paz ¡oh, del suplicio gloria! Que aun brazos quedan que os sabrán vengar. ¡Noche terrible, llena de gloria, llena de sangre, llena de horror, nunca te ocultes a la memoria de los que tengan patria y honor!
Ya sois esclavos
Muertos sí pero esclavos no
quiénes morirán