Versos Spanish Juan Eugenio Hartzenbusch Viaje Al Pindo, Tonadilla

Spanish poem

Viaje Al Pindo, Tonadilla

by (1806–1880)

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Viaje al Pindo, tonadilla Propia de la Navidad, Compuesta para teatros De casa particular. Personas, las nueve Musas Antiguas, y veinte más, Hijas de las dos hermanas, Fantasía y Novedad; Un Poeta, una cuadrilla Pastoril o pastoral, Y otros varios individuos Que no es preciso nombrar. Decoración, el Parnaso, Casa pobre; hay un corral Con bardas de cambroneras, De que falta la mitad: Asnos que dentro se meten, Las derriban al brincar. Es de noche, y hace un frío De exquisita calidad; Olor a besugo asado Perfuma el aire glacial, Y de liras y zampoñas, Que resuenan a la par, Un majadero de almendras Lleva majando el compás. Las Musas, como es ya tarde, Tienen gana de cenar, Y la hambrecilla entretienen Cantando en la soledad: «¡Gloria a Dios en las alturas De la esfera celestial, Y paz en la tierra al hombre De piadosa voluntad!» Llaman. —¿Quién es? —Un poeta. (Sobresalto general.) —Si dice que no ha cenado, Que no pase del zaguán—. Coro de silencio, pieza Fácil de vocalizar. —¿No abren aquí? —Somos niñas, Y no está en casa papá. —Pero oigan siquiera ustedes. —Pues diga con brevedad. —En Madrid esta noche Soy convidado, Casa antigua de Abrantes, Calle del Prado. ¡Ay, Musas mías! El convite me cuesta Mil agonías. Musical academia Forma el convite, Y al que no musiquiza, No se le admite. De esta manera, Si no canto ni toco, Me quedo fuera. De tañer la zambomba Tomé lecciones, Para entrar en aquellos Ricos salones. Un compañero Me ha birlado la plaza De zambombero. Dicen que entre las nuevas Obras de Apolo, Un rabel se distingue Que toca solo. Dadle alquilado, Y esta noche se estrene Cerca del Prado. Duda, confusión, consulta.— ¿Se le da o no se le da?— ¿Se le alquila o se le presta? —Señoras, determinad, Que son ya más de las once, Y tengo mucho que andar.— Erato, dásele tú. —Voy por él... Mas ¿dónde está? —Yo no le tengo. —Tampoco Yo. —¿Si no lo encontrarán? —¡Si Apolo se lo ha llevado!!! —¡Hay mayor fatalidad! Bastaba que yo viniera, Para que echara a volar. —Consuélese usted, buen hombre, Que todo se arreglará. De instrumentos desechados Hay lleno en casa un desván; Para usted, de los mejores Henchiremos un costal, Y usted verá si consigue Que alguno llegue a sonar. —Pague Dios, castas doncellas, a ustedes la caridad. —Vaya enhorabuena usted a su función musical. (La Musa Talía entrega al poeta un saco de márraga lleno mes, que suenan como talega de sartenero. Éntrase Talía en la casa, y quédase acechando por un ventanillo. El poeta desata el costal, saca una trompeta, y le toma felizmente la embocadura: como estaba el instrumento bien enseñado, las primeras notas salen magníficas. Los Faunos y las Ninfas del bosque (o sean los gañanes y las mozuelas de por allí) acuden al son, trayendo numerosa comitiva de perros, que no han hecho colación todavía. Toca el poeta y declama alternadamente, a usanza de comedia antigua o de pregonero: dos estilos que se parecían bastante. Dice, pues, el poeta:) POETA Esta es, noble Caliope, la trompa Con que los grandes hechos preconizas: Cobre en ella mi voz fuerza que rompa Las columnas del aire movedizas. Dice un refrán sin elocuente pompa Que más días habrá que longanizas... (Aquí aúlla un mastín y ladran diez.) ¡Longanizas! ¡Jesús! ¡Vienen a cuento! LOS PASTORES. (Caritativamente.) Vuelva usted al costal ese instrumento. (Obedece el poeta con resignación, y en seguida coge y prueba una flauta, y dice:) POETA Dulce avena de Erato, Ven a mi labio tú, que los amores En son difundes grato; Y consagra al Señor de los Señores, Y orna en ofrenda pía, El reverente amor del alma mía. Dejad vuestros ganados, Los que moráis en el repuesto ejido; Dones de fe colmados Al Rey llevad en el portal nacido Entre el buey y el jumento... TALÍA (Desde el ventanillo.) Costal pide también ese instrumento. POETA Talía, por compasión, Aunque siempre me rehúsas Tu festiva inspiración... TALÍA No la implores de las Musas; Haz que hable tu corazón. POETA Dios niño, vos que venís A salvar a los mortales, Poned término a los males, Que padece este país. Por sus culpas le afligís, Y las llora con afán: Los que lloran, cerca están De volver a la virtud: ¡Niño Dios! ¡pan y quietud! Virgen Madre! ¡paz y pan!