Spanish poem
XXXII (Cuentecillo forjado por deleite)
by Juan Eugenio Hartzenbusch (1806–1880)
Cuentecillo forjado por deleite parecerá sin duda la contienda, que se trabó en Madrid en una tienda de vinagre y aceite. Despachaba en la calle de Torija líquidos un muchacho madrileño; y otro, según la traza, lugareño, fue por aceite allí con su vasija. -Tú, cara de lechuza, (dijo sin aprensión el forastero) despáchame ligero, lléname bien la alcuza. -Cuando sepas hablar en castellano, (le replicó el hortera) sabrás que lo que tienes en la mano se llama la aceitera. -En toda tierra que garbanzos cría (contestó el provincial enardecido), alcuza siempre ha sido, y alcuza la nombramos en el día. -En tierra (dijo el otro) de garbanzos, corre por aceitera solamente; y quien le ponga nombre diferente, ha nacido entre malvas y mastranzos. El patán en sus trece se mantuvo; le rechazaba el horterilla listo: se incomodaron, y hubo por consiguiente la de Dios es Cristo. A las voces y apodos cachetina siguió larga y furiosa: todo por una cosa que se puede llamar de entrambos modos.
Pueril extravagancia es, pero comunísima en el hombre, no poner en disputa la sustancia y reñir por el nombre.