Versos Spanish Juan Meléndez Valdés En Esta Breve Tabla

Spanish poem

En Esta Breve Tabla

by

Listen in the reader

En esta breve tabla, discípulo de Apeles, cual yo te la pintare, retrátame mi ausente. Retratada cual sale al punto que amanece tras unos corderillos al valle a entretenerse. Suelto el trenzado de oro, y al céfiro, que leve volando licencioso le ondea y le revuelve. Encima una guirnalda, que sus tranquilas sienes de púrpura matice con rosas y claveles. De do con aire hermoso de majestad alegre la tersa frente asome, cual reluciente plata salga la blanca frente. Y para que le pongas la gracia que ella tiene la cándida azucena darate olor y nieve. Luego en las negras cejas tu habilidad ordene la majestad del arco que nace cuando llueve: Y al traidor Cupidillo podrás también ponerme, que en medio esté asentado y el arco a todos fleche. Los ojos de paloma que a su pichón se vuelve rendida ya de amores, y un beso le promete; Las niñas haz de llama que bullan y se alegren, y a Amor que como un niño jugando en torno vuele. Después para que apague los fuegos que el enciende, la nariz proporciona tornátil y de nieve. Y luego entre los labios deshoja mil claveles, que nunca puedes darle la púrpura que tienen. Su boca... pero aguarda, primero van los dientes de aljófares menudos, que unidos no discrepen: Y dentro has de pintarme cuando la lengua mueve como un panal que afuera destile hibleas mieles. Las Gracias como abejas, que con susurro leve volando en el verano en torno van y vienen. Y al lado de las mejillas dos rosas, como suelen quedar cuando sus perlas el alba en ellas llueve. Cargando todo aquesto con proporción decente sobre el nevado cuello, que mil corales cerquen. Los hombros de él se aparten, y en el hoyuelo empiece el relevado pecho tan albo que embelese. Con dos bullentes pomas, cual deliciosas fuentes del néctar regalado de la mansión celeste. La airosa vestidura de púrpura esplendente, las puntas arrastrando que el campo reflorecen. Encima un bien rizado pellico, y que le cuelgues mil trenzas de oro y seda que su opulencia ostenten. Pero ¡ay! déjalo, amigo, que tú pintar no puedes tan celestial sujeto, por mucho que te esmeres. Y yo a sus brazos corro, donde el Amor me ofrece el premio de mis ansias, y el colmo de sus bienes.