Spanish poem
Silencio Augusto, Bosques Pavorosos
Silencio augusto, bosques pavorosos, Profundos valles, soledad sombría, Altas desnudas rocas, Que solo precipicios horrorosos Mostráis a mi azorada fantasía, Tú que mis ojos a llorar provocas, Y al hondo abismo tocas Rodando, oh fuente, de la excelsa cumbre, Marchitos troncos, que la edad primera Visteis del tiempo, y a la dulce lumbre, Con frente altiva y fiera, De la alba luna, que esclarece el mundo, Cerráis la entrada en mi dolor profundo; ¿Vuestra más triste y fúnebre morada Do está, y el laberinto más umbrío, Do mi melancolía Del silencio y el duelo acompañada Se pierda libre? El sentimiento mío Huye la luz del enojoso día, Y el canto y la alegría, Cual ave de la noche el sol dorado. Solo este valle lóbrego y medroso De riscos y altos árboles cercado, Que en eco lastimoso El nombre infausto de mi amigo suena, Mi pecbo adula y su dolor serena. Aquí algún tiempo en pláticas sabrosas De Sirio el fuego asolador burlamos: Aquí a su lira de oro Y en sus alas alzándole fogosas La inspiración, sus hijos le escuchamos, De los luceros el brillante coro Con su cantar sonoro Cual un Dios suspender; y aquí elevaba Mi tierno numen a la inmensa alteza De su inefable autor, o me enseñaba A domar la aspereza De la virtud con esforzado aliento ¡Cuánto! ¡ay me! ¡cuánto estas memorias siento! Ya todo feneció: la mano dura De la muerte cruel, aquella mano Que de sangre sedienta Postra al poder, la fuerza, la hermosura, Cual débil heno el áspero solano, Solo en duelos y lágrimas contenta, Le arrebató violenta A su negra mansión; y allí cerrado Con llave de diamante la espantosa Eternidad le guarda aprisionado En noche tenebrosa. Para él los seres todos fenecieron; Y fugaz sombra ante sus ojos fueron. ¡Terrible eternidad! ¡vasto océano Donde todo se pierde! ¿qué es la vida Contigo comparada? ¿Do no alcanzó tu asoladora mano? Naturaleza ante tus pies rendida Al abismo insondable de la nada Desciende despeñada Por tu inmenso poder, del sol divino Apagada la luz, y ese sin cuento De astros, al cielo adorno peregrino, Ciegos en un momento. ¡Y aun llega al hombre, al polvo deleznable Tu ansia de aniquilar, jamás saciable! ¡Pudo el amable, el plácido Dalmiro Tus iras encender! ¿el virtuoso, El bueno en que ofendía, Para ser blanco al ominoso tiro? ¡Oh mi Dalmiro I ¡oh nombre doloroso Cuanto un tiempo de gloria al alma mía! ¡Detén la acción impia, Oh muerte, oh cruda muerte...! el golpe parte, Retiembla el suelo al hórrido estampido; Y nada en tu furor basta a apiadarte. ¡Ay! yo le veo tendido Fiero, espantable en la abrasada arena; Y un grito de dolor el campo atruena. ¡Imagen cara! ¡idolatrado amigo! ¡Dalmiro, mi Dalmiro! ¡sombra fría! Aguarda, espera, tente: Tu cuerpo abrazaré, le daré abrigo, Te prestaré mi aliento, el alma mía Dividida en los dos tu seno aliente... ¡Imaginar demente! ¡Vana ilusión...! mis ruegos, mis clamores Ni al cielo ablandan, ni Dalmiro escucha, Que en el trance final con los rigores De la atroz muerte lucha; Y a mi tornando el rostro desmayado Ansia llamarme, y siente el labio helado. No, jamás esta imagen desastrada Mi mente olvidará, ni el lastimoso Espectáculo horrendo De herirme acabará. La quebrantada Frente y trémulos ojos, el hondoso Río de hervidora sangre el lago hinchendo Viendo estoy, el estruendo Oigo del bronce atroz; y ¡ay! del herido Tronco la gran ruina y convulsiones Con que en tierra se vuelve sin sentido, Los ayes, las razones No pronunciadas, y el tender la mano Favor a todos demandando en vano. ¡Mísero! ¿contra el golpe irresistible Del infernal obús tus peregrinas Virtudes qué valieron? El alto pecho, el ánimo invencible, El profundo consejo, y las divinas Luces que aplausos tantos le trajeron, Las sales que corrieron De su labio feliz, la voz sagrada, Órgano de las musas con su muerte Hoy llorosas y mudas, nada, nada ¡Desapiadada suerte! A salvarle alcanzó; de tanta gloria Durando solo la infeliz memoria. Durando solo para infando duelo, Y objeto triste de dolor y espanto. Extranjero en la tierra Yo al gozo y a la paz, culpando al cielo, Siempre en suspiros y bañado en llanto. Ya si la lumbre matinal destierra Y el negro ocaso encierra A la azarosa noche, ya si el día Torna a apagar su rayo postrimero, Y se hunde el mundo en la tiniebla fría, Imagen del primero Desierto caos, do vagó perdido En hondo sueño y sempiterno olvido. Y nunca, nunca mi doliente queja Término alcanzará; ni el malogrado, Por que le llame tierno Grato cual antes prestará su oreja, Mis lágrimas verá, ni mi cuidado. Tinieblas, soledad, silencio eterno, Y un insondable averno Nos separaron ya: muy más distantes, Sin cuento más que el que felice mora Las plagas de la aurora rutilantes, Y el que aterido llora Del polo ansiando entre la inmensa nieve Del Sol un rayo aunque apocado y breve. ¡Oh fatal Calpe! oh rocas, que rizadas Subís al cielo la sañosa frente, Gratas tanto al abrigo De la altiva Albion, cuanto infamadas Por ominosas a la Hispana gente. Desde la edad del infeliz Rodrigo Siempre halló el enemigo En vosotras favor, gozando abierto Sus fuertes naos y cargadas flotas ¡Oh vil traición! vuestro seguro puerto. Siempre sus haces rotas, Mi patria en luto envuelta vio perdida A vuestros pies su juventud florida. ¡Y ora a los canos padres qué desvelos Y honroso afán! ¡que lágrimas no oprimen Las madres castellanas!. ¡Cual abismadas en amargos duelos Por sus amados las doncellas gimen! Llegando a las provincias más lejanas Las nuevas inhumanas De cuantos siega en vos la muerte impía. Guardad, guardad, guerreros: no fiados Corráis en vuestra impávida osadía A escalar malhadados Tanto y tanto cañón, que hórrido atruena; O a España dejaréis de lutos llena...