Spanish poem
Si Me Quieres Como Dices
Si me quieres como dices, Deja el desdén, zagaleja, Que nunca bien hermanaron El amor y la aspereza. Opón cruda los desdenes Si otro zagal te festeja, Que a dos escuchar a un tiempo Es hacer a ambos ofensa. Uno sea el escogido. Mas cuando feliz lo sea Goza en paz de su ternura, Y él en libertad te quiera; Y celébrete entre todas, Y en derretidas finezas Pagándole tú benigna, Su llama exhalarse pueda. Que en el amor los rigores. Son cual hielo en primavera, Que al Mayo roba sus galas, Y a los ganados la yerba. Y el favor plácida lluvia Con que Abril al campo alegra, Que hace florecer los valles, Y espigar la sementera. Favorece, y no desdenes, Que no toda la belleza Está en unos lindos ojos, O en una dorada trenza. La beldad erguida y vana Es bien cual pomposa yedra, Que embeleso de los ojos, Ninguno estéril la aprecia: Mas al agasajo unida, Cual vid de racimos llena, A cuya sombra apacible Gozosos todos se sientan; Y cuyos vástagos verdes Cuando en el olmo se enredan, Ornándolo con sus hojas Con sus abrazos lo estrechan. Flor de un día es la hermosura, Y el tiempo tras sí la lleva; Y si en mis palabras dudas, Toma una lección en Celia. Celia la célebre un día Por su beldad hechicera, Que despreció a mil rendidos Cuanto envanecida necia; Y hoy ultraje de los años, Busca en sus ardores ciega Quien la sirva, y todos huyen; Quien la mire y no lo encuentra. Voló con su nieve y rosa De sus ojos la viveza, Y rugosa y sola y triste A un seco rosal semeja. Solo la bondad sencilla Que cariñosa aunque honesta Oye a su zagal querido, Y le corresponde tierna; La que con sus gracias ríe, Y con él baila en la fiesta, Y en el seno pon sus flores, Y con otras su amor premia; La que viendo en él su esposo, Ni se esquiva ni avergüenza De qué a ella todos por suya, Y a él por su amante los tengan: Esta siempre como el alba Brillando en su luz primera, A cuantos la ven rendidos Guarda en su dulce cadena. Los años no la obscurecen, Ni los cuidados la aquejan, La emulación la perdona, Y la envidia la respeta; Siendo aunque en edad tardía Su agrado y felices prendas Delicia de los zagales, Como encanto de las bellas. Sé pues afable, Amarilis, Cesa en los desdenes, cesa; Que en tu júbilo y donaires Bien ese rigor no suena: Ni te formaron los cielos Así extremada y perfecta, Para que tan altos dones Míseramente se pierdan. Sé afable con quien te adora, Y verás toda la aldea, Si ora tu altivez murmura, Celebrar tu gentileza. Así cantaba Belardo De una zagala a las puertas; Y ella asomándose airada Que calle y parta le ordena.