Spanish poem
En Una Roca De La Sierra Umbría
by Julio Flórez
En una roca de la sierra umbría vive un cóndor ya viejo y desplumado, que contempla la bóveda vacía con tan honda y tenaz melancolía, cual si estuviese allí petrificado. Ya no puede volar y cuando empieza la blanca nube a coronar la altura, envidioso la mira y con tristeza inclina taciturno la cabeza sobre su roca inconmovible y dura.
Sirve de escarnio a los demás condores que anidan en las cumbres Granito, y que, del hondo espacio triunfadores, bañan su cuello en mares de colores al desgarrar la aurora el infinito. En la noche, en los hondos agujeros de su peñón, donde las brisas suaves se refugian, él sueña cosas graves: ya, que eleva en el aire los corderos, ya, que agarra en las nubes a las aves.
Mas se mira las alas compungido y no halla en ellas ni siquiera rastro de aquel tiempo en que hubiera hasta podido colgar su enorme y silencioso nido de las rubias pestañas de los astros; cuando, al lanzarse en inauditos vuelos rozaba con el arco de sus plumas los bruñidos cristales de los hielos, al hundirse en el polvo de las brumas bajo el zafiro inmenso de los cielos.
Cuando, el rugir del rey de los titanes, el hondo mar que eterna rabia alienta, llegaba a los ignívomos volcanes por sentir estertores de tormenta y escuchar aleteos de huracanes, cuando, ávido de luz, a ambientes puros, del Sol siguiendo el luminoso paso, desde los altos peñascales duros iba a alumbrar sus ojos verdioscuros en los rojos incendios del ocaso.
Yo conozco un poeta desplumado como el cóndor aquel, cuya presencia es un mísero escombro del pasado ¡Ya no puede volar! Hoy vive atado a la roca fatal de la impotencia. Eso pensé de ti; mas hoy que he visto que tú, viejo cóndor, con rudo aliento, subes aún rasgando el firmamento, presa del más atroz remordimiento.
El mismo eres de ayer. La artera bala que cierto cazador disparó un día contra ti, no logró romperte el ala; no eres momia ambulante todavía; ¡tu espíritu inmortal vigor exhala! Perdóname poeta, si atrevido quise herirte también; fúlgidos rastros nos dejas al volar; ¡no estás vencido! ¡Puedes aún colgar tu enorme nido de las rubias pestañas de los astros!