Spanish poem
Las Divinas Pintoras
by Julio Flórez
De su lecho de púrpura se arranca fresca y gentil la divinal pintora; su crencha es rubia, su mejilla blanca, su nombre terso y musical: Aurora. De pies ya, sobre el ápice del monte sus colores diluye en el rocío, y comienza a pintar el horizonte: el mar, la selva, la llanura, el río. Fulgen bajo su mano primorosa cuadros sin fin; un toque de violeta pone en cada contorno, en cada cosa. Mágica artista, todo lo interpreta; su gran lienzo es natura esplendorosa y los rayos de Apolo su paleta.
Sobre una franja de amarillo cromo que finge un luengo y sosegado río, se va alargando una silueta como la vela ensangrentada de un navío. Después, siempre despacio, muy despacio, tórnase aquella franja en mar de fuego, donde hecho de coral surge un palacio que brilla, pasma... y se deshace luego. Vasto perfume por los aires yerra, hondo silencio apózase en el llano; el sol se ha despedido de la tierra. Y mientras se adormece el océano, huye la tarde, triste, por la sierra, con un haz de pinceles en la mano.