Spanish poem
Mediodía
by Julio Flórez
Deslumbra el sol en la mitad del cielo; mares de luz desde el cenit envía, y ante su rayo abrasador, el hielo se torna en llanto en la montaña umbría. Es hora del trabajo; en las ciudades recomienzan los hombres sus tareas; y el humo entre infinitas claridades brota de las negruzcas chimeneas. En los lagos las náyades a solas, flotan cual sobre piélagos de llamas, y los peces ostentan en las olas el oro y el azul de sus escamas. Óyese el rudo golpe del martillo sobre el ascua que cruje y que se queja; y en los prados la voz del caramillo hace dúo al balido de la oveja. Arde la tierra; el ave se guarece bajo las verdes y tupidas frondas, el trigal brilla y ante el sol parece sordo huracán de cabelleras blondas. Hunde el gañán la deslumbrante azada en el surco que el rojo sol caldea, en tanto que a su frente retostada de sus cabellos el sudor gotea. La brisa abochornada finge amores y se aquieta y se esconde en los pensiles; se oyen besos de aromas en las flores y rugidos de amor en los cubiles. Besa una flor la abeja: el delicioso néctar la flor le da con embeleso, y la abeja borracha y sin reposo va en busca de otra flor y de otro beso. Es hora del calor; vagos efluvios de lujuria dan brío a las faenas; la luz arde en los cielos en diluvios, y en diluvios de fuego arden las venas. Ansias incomprensibles se desbordan de los vírgenes senos; flotan mares de luz en las pupilas, y se asordan en el fondo del alma los pesares. Bullen las savias; los retoños nuevos revientan en las vírgenes montañas; se estremecen las aves en los huevos... Y sacuden los fetos las entrañas. Las fieras en sus hórridas guaridas los músculos se oprimen temblorosas, y se lamen las jetas sonreídas y se palpan las garras espantosas. El turbulento y platëado río hierve y levanta sus convulsas olas, y aunque azota las márgenes, bravío, por besarlo se inclinan las corolas. En el desierto el caminante busca el oasis que brinda sombra y calma, mientras que el sol canicular chamusca las polvorientas hojas de la palma. Los amantes se ocultan en la sombra de los frondosos árboles, y luego... se recuestan del césped en la alfombra, y hacen vibrar sus ósculos de fuego. Cómo brillas ¡oh sol esplendoroso! no hay una nube que tu rayo quiebre; tú la vida difundes ¡oh coloso! ¡Pero avanza!...¡Natura tiene fiebre!