Spanish poem
¡Oh Poetas!...
by Julio Flórez
Nosotros los cansados de la vida, los pálidos, los tristes, los que vamos sin rumbo en el mar hondo de la duda, entre escollos y entre sirtes, Nosotros los ceñudos náufragos, soñadores de imposibles; los que damos en cláusulas candentes el corazón, aunque sangriento, virgen, Nosotros los cobardes de esta contienda mundanal y horrible, porque sentimos el dolor ajeno, porque gemimos, ¡ay! por los que gimen, Nosotros los que vamos sin saber nuestro fin ni nuestro origen, con los ojos clavados en la eterna sombra, en busca de un astro que nos guíe, Ya que no nos es dable ver la virtud preponderante y libre; pero sí el llanto y la miseria abajo, y en la eminencia el deshonor y el crimen, Ya que el siglo expirante rueda a la noche lóbrega y sin límites de la insondable eternidad cual monstruo mudo y brutal como la esfinge; Llevando en su carrera la fe del corazón y las terribles garras ensangrentadas, como las garras con que apresa el buitre; Ya que el talento es sombra y luz el oro, con el cual consiguen los perversos las honras, las conciencias y hasta el azul donde el Señor sonríe; Ya que la humanidad, doliente, enferma, aunque solloce y vibre como el mar en su lecho tenebroso, del cielo ni una lágrima recibe; Ya que la fuerza bruta no pone ciega a sus desmanes dique, y con fiereza y saña echa el dogal y la garganta oprime, dejemos las endechas empalagosas, vana y sutiles: No más flores, ni pájaros, ni estrellas... es necesario que la estrofa grite. Nuestra misión es santa: no malgastemos en estrofas tímidas la sacra inspiración que en nuestras frentes arde con lampos de gloriosos fines. Bajemos al abismo del humano dolor: allí residen áspides que se enroscan y gestean, trasgos que se retuercen y maldicen. Bajemos a ese infierno poblado de sollozos donde viven en espantoso maridaje, el hondo grito blasfemo y la plegaria triste, y enjuaguemos el llanto de los eternos infelices que ante el dolor sacuden los cabellos como el corcel indómito las crines. Quejémonos, hagamos de los versos ariete irresistible para romper el mal. Y altivos demos aliento a la virtud, látigo al crimen. Hagamos implacables y orgullosos, si queremos ser grandes y ser libres, un ramal de las cuerdas de la lira para azotar con él a los serviles. Que a nuestra voz desciendan de lo alto, los míseros reptiles: todos, todos los déspotas del mundo, todos, todos los Judas y Caínes. Y no temamos nada, aunque nos escarnezcan y castiguen. Odio al cuervo, al murciélago y al buho; Loor al lirio, a la paloma, al cisne. Hondo desprecio y pena para los jueces que la ley infringen; para el cadalso, horripilante pulpo que hace de sangre y llanto sus festines. Oremos ante el ara de la suprema redención; y el liquen de la maldad, prendido a las nacientes almas despedacemos con furor de tigres. Que nuestros rudos cantos vengadores, valientes y terribles, rompan todas las máscaras hipócritas y castiguen el rostro de los viles. Así cuando los hielos de la muerte nuestras bocas y párpados enfríe, oiremos el aplauso de los buenos al rodar en la gran noche sublime.