Spanish poem
Qué Sola Estás En La Candente Orilla
by Julio Flórez
Qué sola estás en la candente orilla del mar, mientras mi barca huye del puerto. La rosa virginal de tu mejilla, más que una rosa, parece un lirio muerto bajo la seda azul de tu sombrilla. Como si fuese modelada en hielo, tu faz, irradia ante el muriente día. Secas tus ojos —de color de cielo— alzas la frente... escrutas la bahía, y me mandas tu adiós con tu pañuelo. Mi barca, más se aleja! Casi extinta, la tarde llora al sol, que, aunque muriendo, con luz de oro su mortaja pinta. La noche avanza, sobre el mar tremendo como una negra inundación de tinta! La gran voz del océano, resuena como una imprecación larga y profunda en la medrosa lejanía... y llena la noche de pavor; noche serena, que el corazón, de languidez me inunda. Véspero parpadea. Ni una nube empaña el vasto azul del firmamento. Blandamente, la luna, sube, sube, cual si Dios la impulsase con su aliento, o la empujase el soplo somnolento de las trémulas alas de un querube! Ni una menuda ráfaga de viento arruga el raso gris de la bahía. Mi barca roza, al alejarse, apenas, la transparente superficie fría del mar, que, aletargado, se desmaya en su lecho de rocas y de arenas! Por la brumosa playa cruzar veo una sombra... ¿eres tú... Nina? Hace solo una hora que te di el primer beso y el último tal vez... Aún me domina la vibrante emoción subyugadora que sentí, al despedirme, cuando impreso dejé en tu boca pálida y divina aquel ósculo cálido... ¿Quién llora en la playa desierta?, ¿eres tú... Nina? ¿Tú, que piensas ahora, desconsolada, acaso, que jamás volveré?..., ¿dudas?... ¿no oíste que, ante el sol que moría en el ocaso esta tarde, al partir, lloroso y triste, juré mil veces refrenar el paso, pronto, cerca de ti?... Mientras se aleja, raudo, mi esquife, allá en la silenciosa orilla en donde estás, oigo una queja! ¿Eres tú... Nina? Perfumada rosa: En tu cáliz, mi espíritu te deja un rocío de lágrimas! Se inclina mi barca... Sopla el viento... Una blancura, como un gajo de lirios, grácil, pura, tiembla entre playa y cielo: ¿Es una ave marina? ¿Una gaviota que sacude el vuelo? ¿Es tu pañuelo...Nina? Sí, Nina, ¡adiós! ¡adiós! ¡Es tu pañuelo! ¡Qué miro! El huracán la playa azota, y arranca de tu mano el lino que vuela como un pájaro marino hacia mi barca, que en la espuma flota, del mar, sobre el undoso torbellino. Y, ¡oh milagro! A mí llega: y es el ronco huracán quien me lo entrega, húmedo aún por tu amoroso llanto! Una nube de lágrimas me ciega... y esa nube de lágrimas, en tanto que oigo, a merced del soplo, que me nombras, en larga lluvia tu pañuelo anega; mientras, entre los pliegues de las sombras, el huracán sus ímpetus sosiega! Mas... no te veo ya. ¡Voces arcanas resuenan en las olas!... ¡Nina, Estrella! si están brillando todas tus hermanas, ¿por qué te ocultas tú, tú la más bella?
Hoy que están separadas nuestras vidas, para siempre quizás, guardo un consuelo... un consuelo en que yacen confundidas nuestras gotas de llanto: aquel pañuelo que, el sonoro huracán, en sus temidas alas me trajo... ¡al remontar el vuelo!