Spanish poem
Ya Llega El Rudo Invierno
by Julio Flórez
Ya llega el rudo invierno con sus mordientes ráfagas, con sus tupidas nieblas, como flotantes sábanas; ya ruedan de los troncos enfermas las parásitas y están las flores mustias y las mujeres pálidas. La densa lluvia cae con espantoso estrépito; sus membranosas alas agitan los murciélagos, y en las inmensas playas el mar, undoso y pérfido quebrántase en las rocas con ímpetu colérico. En las pajizas chozas, raquíticos y escuálidos, los niños se acurrucan ante el rescoldo cárdeno y allí tiritan…lloran al escuchar los ásperos y lúgubres chillidos de los siniestros cárabos. Por las oscuras grietas de las mortuorias lápidas las gotas de la lluvia descienden frías, lánguidas; ¡oh, trágico destino! Tal vez únicas lágrimas que en su mansión de sombras reciben los cadáveres. Doliente y ojerosa la luna avanza tímida y escóndese en las nubes ya inmóviles, ya undívagas; en las desiertas calles, sobre las losas frígidas, medio desnudas tosen las pordioseras tísicas. ¡Allá lejos sacude sus alas el relámpago, despréndense las hojas, despiértense los pájaros; azota las vidrieras con recio impulso el ábrego, y el rayo cruza y hiere como celeste látigo! Refúgiate en mis brazos en esta noche tétrica, y esconde entre mis manos tus manecitas trémulas calor y luz ansío, de tu mirada angélica, mientras la brisa charla con la llovizna gélida. Resuene en nuestras bocas el beso como un cántico, y en tanto que apuremos nuestra aventura estáticos, que azote las vidrieras con recio impulso el ábrego y el rayo cruce y hiera como celeste látigo. Mas ¡ah! bien sé que no oyes mis delirantes súplicas: Bien sé que estás muy lejos, ¡oh blanca estrella fúlgida! Por eso de mis labios se disipó la púrpura y están mis ojos tristes y mis pestañas húmedas! Tal vez mañana mismo cuando estos melancólicos cantares a ti vuelen con su vibrar monótono, yo duerma solitario bajo el sepulcro lóbrego soñando que me estrechas contra tu seno mórbido. Pues yo sé que el invierno con lento paso rítmico se irá con sus tristezas y su ropaje lívido… Pero este que yo guardo, talvez el más fatídico de todos los inviernos, eterno es en mi espíritu.