Versos Spanish Leandro Fernández de Moratín Príncipe De La Paz. Dedicándole La Comedia De La Mogigata. Epístola

Spanish poem

Príncipe De La Paz. Dedicándole La Comedia De La Mogigata. Epístola

by (1760–1828)

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Esta que me inspiró fácil Talía moral ficción, y aguarda numeroso vulgo que ocupe la española escena, voz adquiriendo, movimiento y formas, hoy te presento con afecto puro de gratitud y amor, que en vano aspiro por otra senda a la difícil cumbre subir del Pindo, en vano, y muchas veces lloré burlado el atrevido intento. ¡Cuántas, pulsando las aonias cuerdas, quise prendar con números süaves la esquiva hermosa, que en silencio adoro, y la voz imitar y la armonía que un tiempo el eco en la floresta verde repitió del Zurguén! Quise animado de más sublime ardor sonando Clío la trompa que marcial ira difunde, de España celebrar los altos triunfos. Del cuello altivo sacudiendo rota la bárbara coyunda en las arenas de Libia ardiente, el vencedor vencido; Numancia satisfecha en el estrago de la soberbia Roma, abandonada al espantoso militar desorden; dueño Cortés del estandarte de oro en los valles de Otumba, y a sus plantas el cetro occidental. Pero ofendida culpó mi error la musa de Menandro, y la cítara y flautas pastoriles quitome airada, y el clarín de Marte. Sigue, me dijo, por el rumbo solo que te indica mi voz, si honor procuras que a pesar del silencio de la muerte haga tu nombre eterno. Yo amorosa una y mil veces en tu labio infante dulce beso imprimí, y al repetido, celeste arrullo que entoné, dormías. Tú mi delicia y mi cuidado fuiste, y en ti los que vertió propicios dones naturaleza, cultivar me plugo. Ya con festiva aclamación sonando la patria escena, en su alabanza justa tu gloria afirma. Sigue, y en la cumbre del sagrado Helicón, que Cintio baña con su luz inmortal, las Musas bellas de yedra y lauros te darán corona. No te ofenda, señor, si tan humilde tributo te consagro; ¿y cuál sería de la grandeza de tu nombre digno? Limitado es el don, rico el deseo; y no bastando a más la vena estéril, cuanto puedo te doy. Así, postrado ante las aras que levanta rudas, suele el cultor acumular los frutos sencillos de su campo, y los ofrece al alto numen tutelar que adora, y aromas vierte agradecido y flores.