Versos Spanish Leopoldo Lugones Largas Brumas Violetas

Spanish poem

Largas Brumas Violetas

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Largas brumas violetas flotan sobre el río gris y allá en las dársenas quietas sueñan oscuras goletas con un lejano país. El arrabal solitario tiene la noche a sus pies, y tiembla su campanario en el vapor visionario de ese paisaje holandés. El crepúsculo perplejo entra a una alcoba glacial, en cuyo empañado espejo con soslayado reflejo turba el agua del cristal. El lecho blanco se hiela junto al siniestro baúl, y en su herrumbrada tachuela envejece una acuarela cuadrada de felpa azul. En la percha del testero, el crucificado frac exhala un fenol severo, y sobre el vasto tintero piensa un busto de Balzac. La brisa de las campañas, con su aliento de clavel, agita las telarañas que son inmensas pestañas del desusado cancel. Allá por las nubes rosas las golondrinas en pos de invisibles mariposas trazan letras misteriosas como escribiendo un adiós. En la alcoba solitaria, sobre un raído sofá de cretona centenaria, junto a su estufa precaria meditando un hombre está. Tendido en postura inerte masca su pipa de boj, y en aquella calma advierte ¡qué cercana está la muerte del silencio del reloj! En su garganta reseca gruñe una biliosa hez, y bajo su frente hueca la verdinegra jaqueca maniobra un largo ajedrez. ¡Ni un gorjeo de alegrías! ¡Ni un clamor de tempestad! Como en las cuevas sombrías, en el fondo de sus días bosteza la soledad. Y con vértigos extraños, en su confusa visión de insípidos desengaños, ve llegar los grandes años con sus cargas de algodón.

A inverosímil distancia se acongoja un violín resucitando en la estancia como una ancestral fragancia del humo de aquel esplín. Y el hombre piensa. Su vista recuerda las rosas te de un sombrero de modista.. el pañuelo de batista... las peinetas... el corsé... Y el duelo en la playa sola: uno... dos... tres... Y el lucir de la montada pistola... y el son grave de la ola convidando a bien morir. Y al dar a la niña inquieta la reconquistada flor en la persiana discreta, sintiose héroe y poeta por la gracia del amor. Epitalamios de flores la dicha escribió a sus pies, y las tardes de colores supieron de esos amores celestiales... Y después... Ahora, una vaga espina le punza en el corazón, si su coqueta vecina saca la breve botina por los hierros del balcón; Y si con voz pura y tersa, la niña del arrabal en su malicia perversa, temas picantes conversa con el canario jovial; Surge aquel triste percance de tragedia baladí; la novia... la flor... el lance... veinte años cuenta el romance, Turgueniev tiene uno así. ¡Cuán triste era su mirada, cuán luminosa su fe y cuán leve su pisada! ¿Por qué la dejó olvidada?... ¡Si ya no sabe por qué!

En el desolado río se agrisa el tono punzó del crepúsculo sombrío, como un imperial hastío sobre un otoño de gro. Y el hombre medita. Es ella la visión triste que en un remoto nimbo descuella; es una ajada doncella que le está aguardando aún. Vago pavor le amilana, y va a escribirla por fin desde su informe nirvana... La carta saldrá mañana y en la carta irá un jazmín. La pluma en sus dedos juega; ya el peligro tiene el doblez; y su alma en lo azul navega. A los veinte años de brega va a escribir tuyo otra vez. No será trunca ni ambigua su confidencia de amor sobre la vitela exigua. ¡Si esa carta es muy antigua! Ya está turbio el borrador. Tendrá su deleite loco, blancas sedas de amistad para esconder su ígneo foco. La gente reirá un poco de esos novios de otra edad. Ella, la anciana, en su leve candor de virgen senil, será un alabrastro breve. Su aristocracia de nieve nevará un tardío abril. Sus canas, en paz suprema, a la alcoba sororal darán olor de alhucema, y estará en la suave yema del fino dedo el dedal. Cuchicheará a ras del suelo su enagua un vago frufrú, ¡y con qué afable consuelo acogerá el terciopelo su elegancia de bambú! Así está el hombre soñando en el aposento aquel, y su sueño es dulce y blando; mas la noche va llegando y aún está blanco el papel. Sobre su visión de aurora, un tenebroso crespón los contornos descolora, pues la noche vencedora se le ha entrado al corazón. Y como enturbiada espuma, Una idea triste va emergiendo de su bruma: ¡qué mohosa está la pluma! ¡La pluma no escribe ya!