Versos Spanish Leopoldo Lugones Mientras Cruza El Tranvía Una Pobre Comarca

Spanish poem

Mientras Cruza El Tranvía Una Pobre Comarca

by

Listen in the reader

Mientras cruza el tranvía una pobre comarca De suburbio y de vagas chimeneas, Desde un rincón punzado por crujidos de barca, Fulano en versátil aerostación de ideas, Alivia su consuetudinario Itinerario. Las cosas que ensarta, Anticipan con clarovidencia, La errabunda displicencia De una eventual comida a la carta. Afuera, el encanto breve Del crepúsculo dilata un dulce arcano, Que abisma el plenilunio temprano En la luminosa fusión de su nieve. El truhán de vehículo, Molesta, bien se ve, con su ferralla, A un señor de gran talla Que lee un articulo. Y ya no hay más persona, Que una muchacha de juventud modesta Sentada a la parte opuesta: Lindos ojos, boca fresca. Muy mona. En elegante atavío, Realza sus contomos Un traje verde obscuro, con adornos Violeta sombrío. Aligera esa seriedad de otoño Con gracia sencilla, Un ampo de gasa que en petulante moño, Va acariciando la tierna barbilla. Sugiere devaneos de conquista La ambigüedad que en su rostro lucha. Con su intrepidez flacucha De institutriz o de florista. Mas desconcierta el asedio, La imperiosa silueta De su mano enguantada en seis y medio Con parsimonia coqueta. Y aquella aristocracia, Anómala en tal barrio y a tal hora, Insinúa en el peligro de su gracia Una angustia embriagadora. Quizá se llame Leonilda o Elisa... Quizá en su persona se hermane, Un doméstico aroma de melisa A un mundano soplo de frangipane... Quizá su figura indecisa Reserve al amor de algún joven ladino, En la inocencia de una futura sonrisa La poesía de un ángel del destino. Acaso en la muda Fatalidad de una vulgar tragedia, Con sens&ta virtud de clase media, Cose para una madre viuda. Quizá... Y en ese instante de familiar consuelo. Tras el exacto campanillazo, La desconocida, leve como un vuelo, Desciende. ¡Qué ojos! ¡Qué boca! ¡Un pedazo De legítimo cielo! Como un claro témpano se congela El plenilunio en el ámbito de la calle, Donde aquel fino talle, Sugiriendo ternuras de acuarela, Pone un detalle De excelente escuela. La linda criatura, Descubrió con casta indiferencia, Para dar su saltito más segura, Una pierna de infantil largura Que puso su juventud en evidencia. Y su cuello grácil, Y su minucioso paso de doncella, Bien dicen que no es aquella Una chica fácil.

Muy luego ante su botella Y su rosbif, el joven pasajero Se ha puesto a pensar —¡qué bueno!— en una estrella. Cuando, de pronto, un organillo callejero Viene a entristecerle la vida, Trayéndole en una romanza El recuerdo de la desconocida. —iAh!, ¿por qué no le ofreció una mano comedida? ¿Por qué olvidamos así la buena crianza? ¡Cómo se sentiría de noble en su presencia! ¡Con qué bienestar de hermanos. Comentarían fielmente sus manos Una hora mutua de benevolencia! Y entre divagaciones remotas, De melancolía y de indolencia, Por la calle que mide con popular frecuencia El paso notorio de las cocotas; Vuelve Fulano a verla, en un estado De ternura infinita, Con cierta noble cuita De novio infortunado. El café le pone las ideas de luto, Y lo molesta con absurda inquina, Cierto aire sardónico en el mozo enjuto Que aguarda su propina. Pero aún se queda padeciendo largo rato, Y monda que te monda Los dientes. (Qué diablos, esas comidas de fonda Son el martirio del celibato.) Para colmo el organillo, de dónde Saca, después de su más dulce habanera. La donna é mobile —una verdadera Necedad de lindo conde... El pobre Fulano, Vuelve a evocar, vagamente poeta, La suave silueta De la muchacha del tranvía suburbano. Dulce academia de luna, De luna espolvoreada Al pastel, en una Ceniza verde, entre verde y dorada. ¡Verdaderamente hay encuentros sin fortuna!